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Papá no merecía morir así Ma. Gabriela López Salazar Estudiante, 10.° nivel Día tras día me sentaba frente al televisor a la hora de ver las noticias y, cuando llegaba la parte de los sucesos, mi mente tomaba vuelo y la atención que prestaba no era la misma. Era completamente ordinario para mí escuchar de un accidente de tránsito, y probablemente no solo para mí. Esto no se debía a la falta de preocupación o indiferencia, sino a la resignación por todos aquellos conductores que no escuchan. Sin embargo, el 12 de febrero del 2007, mi papá murió en un accidente de tránsito y entonces mi vida cambió. En las calles hay millones de accidentes provocados por los que no entienden. ¿Es qué, acaso, no saben que estos accidentes acaban con la vida de alguien? ¿Es qué, como nunca han pasado por una circunstancia como ésta, no pueden imaginársela? ¿Es que no les importa? No lo sé. Lo único que sé con certeza es que aquellos que se lo imaginan ni siquiera se acercan a la mitad del dolor que causan. Por esto ya no siento resignación. Ahora me encuentro enojada y lo único que pido es ser escuchada. Irremplazables. A todos los conductores: les pido que respeten las leyes de tránsito porque, cuando provocan un accidente, no solo se mueren los involucrados, sino también un pedacito de los que nos quedamos aquí, quienes perdemos una partecita irremplazable. Sean pacientes, la velocidad solo va a comprarles unos minutos de tiempo. Probablemente ningún conductor tome esto en cuenta. Ellos no creen que esto les va a pasar. Pues tengo noticias para ustedes, conductores: le puede pasar a cualquiera. Yo jamás pensé que esto podría sucederme, pero yo vivía en una pequeña burbujita y de pronto, un camión blanco adelantó a un automóvil y me la estalló. Cambio violento. Desde ese día, mi mundo dio un vuelco. Mi vida cambió. Ya no soy la misma persona cuya mente volaba cuando los sucesos estaban en pantalla. Ahora el suelo tiembla cuando la palabra accidente cruza mi mente. Me cuesta creer que, después de tanta muerte, tanta tragedia, el movimiento en las calles sea el mismo. Mi papá era un hombre que vivía la vida con pasión y se entregaba de lleno en todo lo que hacía. El no merecía morir. No de esa manera. Por eso mismo, hoy pido a los conductores que tomen conciencia por todas aquellas personas que no merecían morir. Manejen con cuidado. No cambien la vida de las personas en esa dirección. No destruyan más vidas. No vuelquen más mundos.
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