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Caridad La lástima es un sentimiento que quizás no sea virtudEnrique Obregón Valverde Abogado Es confuso el concepto de caridad, si lo analizamos a la luz de la práctica que observamos. Es posible que no toda persona que da una limosna esté pensando en esa virtud teologal cristiana de amar a Dios y a los prójimos. Algunos lo hacen por lástima, que es un sentimiento humano, pero que tal vez no sea virtud. Un amigo mío me decía, cuando dio una limosna a un necesitado en mi presencia, que le dolía dar tan poco cuando sabía que su deber era dar más, mucho más, pero que todavía no había llegado a esa perfección. Y otro, más realista, me comentaba que él siempre daba una moneda a los que pedían cuando iba conduciendo su carro, pero lo hacía como medida defensiva, para que no se lo dañaran. ¿Y la caridad?, le pregunté. A lo que me contestó: en cuanto a esto no tengo ninguna duda, el que quiera comer que trabaje. En gran medida, la caridad tiene que ver con las acciones humanas, en todo aquello que roce con la moral en su relación con el dogma teológico. Dar, ayudar al necesitado, es una obligación moral del cristianismo. Limosnas y obstáculos. Cuando era pequeño, salía con frecuencia con mi padre y, al pasar frente a la catedral, me entregaba unas monedas y me decía que se las diera a uno de los pobres que pedían limosna sentados en las gradas de la iglesia. Pienso que no era tanto que a mi padre no le gustara dar personalmente como que, con su petición, me estaba enseñando a dar. Ahora no lo podría hacer porque han puesto rejas alrededor de la Catedral y no sé si fue, precisamente, para evitar la presencia de los pobres. Que en el reino de la cristiandad hay sacerdotes que cruzan de acera para no toparse con un prójimo con hambre. A un sacerdote amigo mío, simpático y bromista, le pregunté con cierta picardía: “Padre, ¿verdad que los sacerdotes no dan limosna?”. Y me contestó también con la misma intención: “Nosotros pedimos, no damos”. Claro, pero después, ya seriamente, me comentó que hay muchas formas de ayudar, de ejercer la caridad, y ahora más, ayudando a formar juventudes tanto en la virtud como en la capacitación. Las escuelas de formación profesional de los salesianos son ejemplo de caridad, de compromiso con la juventud necesitada. Virtud política. Y, finalmente, el Gobierno democrático comprometido usa una forma de caridad, de virtud política, de solidaridad. Y el gobernante que no lo entiende, que no siente ese amor, lejos está de la caridad democrática, que es el gobierno para los pobres. En la ciencia de la teología debería aceptarse, en su clasificación temática, la caridad democrática como un principio revelado, pues no se puede realizar el objetivo final de la felicidad entre los hombres sin la presencia colaboradora de Dios.
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