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Coherencia Si “la voz popular” es la que cuenta, y no la Asamblea, Carazo debió renunciarJacques Sagot La “voluntad popular”… concepto siempre manoseado, utilizado a conveniencia y, sobre todo, secuestrado. Secuestrado por todos aquellos grupos o individuos que pretenden encarnarlo. “La voluntad popular”: diosa toqueteada por cualquier transeúnte. Arrogarse la potestad de representar “la voz del pueblo”, ¿no es ya usurpar un discurso múltiple y, por lo tanto, informulable como “unanimidad”? Autoproclamarse socorrista del “pueblo” y convertirse en su “voz”, ¿no es acaso una manera implícita de insultarlo y debilitarlo? Solo hay voces, señores, no “Voz”. Singulares, divergentes, soberanas. ¿Quién o qué es “el pueblo”, ese por el que siempre hay que pensar? (debe ser medio lelo, el pobrecito). ¿Seré acaso yo, el pulpero de la esquina, el yerno de la tía del primo de la mamá del cuñado de la vecina? Definiciones académicas sobran. Cuestión de revolver a Platón, Rousseau, Marx, Durkheim… siempre saldrá algo de la batidora. Yo, en lo que llevo de vida, he oído las siguientes definiciones, ¿Listos? Aquí voy. Pueblo es: el “labriego sencillo”, la “Ultra” de Saprissa, los vendedores de chances, Dios, la chusma abyecta, los “descamisados”, los manifestantes de la Plaza Mayo, la multitud que aplaudió la decapitación de Luis XVI, el proletariado, el “músculo” de la sociedad, el “alma” de la sociedad, las “fuerzas vivas” de la sociedad, la fuente de toda poesía, la gente que asiste a los festejos de Zapote, las modernas “canallocracias”, aquellos que heredarán el Reino de los Cielos, todo lo que se opone a la élite (¿quién es la élite, por cierto?).
Aritmética caracista. Si ni siquiera tenemos claro qué es “el pueblo”, ¿cómo representarlo políticamente? ¿Los 1.196 diputados convocados por los Estados Generales en 1789? ¿El sistema bicameral inglés? ¿Los gremios y sindicatos? Y en el plano icónico: ¿La Libertad conduciendo al Pueblo, de Delacroix? ¿Las monumentales alegorías de Diego Rivera? ¿El obrero forzudo y calisténico, emblema del Realismo Socialista? En nota reciente, el expresidente Carazo alerta a la ciudadanía: la “aritmética” diputadil debe, por principio, ceder ante la evidencia de un “sentimiento mayoritario” opuesto a sus designios. ¿Cuánto es “mayoritario”? ¿Treinta mil manifestantes? (apretaditos, caben todos en el Estadio Saprissa). ¿Cincuenta millones? Tal vez, tal vez. Machado cuenta cómo de niño creía siempre que sus juguetes eran más grandes que los del vecinito… hasta que su propia mamá lo sacó del engaño: ¡la más cruel desilusión de su vida! Estoy seguro de que don Rodrigo debe llevarsus cuentas con precisión satelital. Pero resulta que estotambién es aritmética. Sumar, restar… con la diferencia de que contar cabezas es mucho más inexacto que contar votos o diputados. Aquí lo que tenemos no es un conflicto entre la mezquina aritmética parlamentaria (“me gano tres diputados por aquí, pierdo dos por allá”) y “el sentimiento mayoritario” de los costarricenses (¡por decreto suyo, supongo!) ¿Para el Congreso un ábaco, para “El Pueblo” una calculadora? ¡Pero si en ambos casos estamos haciendo aritmética! Lo más divertido es que fue merced a esta “aritmética” que don Rodrigo fue elegido presidente. Gracias a esas papeletas perfectamente cuantificables que constituyen la materialidad del sufragio. Ir sumando votito tras votito. Y por eso mismo lo respeto. No hacerlo sería irrespetar los 419.000 ciudadanos que en 1978 le regalaron el dedo pulgar. A él y a sus diputados, quienes por cierto eran también notables aritméticos. La elección del 2006. Pero seamos coherentes: si “el sentimiento mayoritario” –ese que según don Rodrigo recusa en este momento las decisiones parlamentarias– debe en efecto merecernos más atención que la “aritmética” constitucional, entonces él debería haber renunciado a los días de asumir la presidencia. Fueron cuatro años de manifestaciones, renuncias, clamores masivos… “Voz popular” escarapelada de tanto gritar. Por poco nos quedamos todos afónicos. ¿Recuerdan ustedes la ceremonia del traspaso de poderes de 1982? Todavía andan por ahí los silbidos rebotando entre las montañas del Valle Central… Imperfecto como es, el sufragio representa aún la mejor manera que tenemos de expresar la “voluntad popular”. En el 2006 esta voluntad se expresó y fue mayoritaria. ¿Por un voto, por un billón? No importa. ¿Que no lo fue en términos absolutos? Tampoco. El abstencionismo no es una voz, es renuncia a ella. El ciudadano que elige no votar elige también no existir políticamente. Quienes sí decidieron manifestarse sabían perfectamente que el TLC era el primer paso del programa de desarrollo propuesto por el PLN. Las cartas estaban todas cara arriba. Como nunca antes lo habían estado. ¿Crónica de una muerte anunciada, u horizonte de progreso y bienestar? No lo sé. Pero “el pueblo” sabía lo que hacía. Resulta ridículo que haya quienes se crean en el deber de proteger a los costarricenses de sí mismos, de su propia, inalienable elección.
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