Expulsó a su capitán por desacato de órdenes Nicolás Aguilar R. naguilar@nacion.com
Las órdenes dentro de una organización narcomafiosa deben ser obedecidas al pie de la letra.
El mínimo error se paga caro, estiman las autoridades.
Eso le sucedió precisamente al primer capitán del barco ADDY-C, de apellido Calvo, el marinero de confianza del líder de un grupo dedicado al trasiego de cocaína en el Pacífico nacional.
Así lo estableció la Policía antidrogas tras la captura de un nacional de apellido Venegas –el contacto, sostiene– de narcotraficantes mexicanos en Costa Rica. Calvo llevó una carga de cocaína a México a mediados de agosto del 2006, y, antes de regresar a puerto, debía pescar algo para “despistar”.
Sin embargo, ingresó con el ADDY-C a Puntarenas sin producto, lo cual enfureció a su jefe, quien lo despidió a gritos porque “puso en peligro a la organización”, según las autoridades.
Calvo se vio obligado a regresar a las labores de pesca artesanal que cumplía desde tiempo atrás en Quepos de Aguirre.
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