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“Tercer Hombre” de Francia El interés mundial por las elecciones en Francia es mayor que nuncaDominique Moisi Fundador y asesor senior del Ifri (Instituto Francés de Relaciones Internacionales), actualmente es catedrático en el Colegio de Europa en Natolin, Varsovia. ¿Deberíamos observar la campaña presidencial francesa con admiración, o alarma? ¿O tal vez con un poco de ambas? Es innegable que se trata de un gran "show" con todos los ingredientes de un éxito de Hollywood, e incluso con un giro sorpresivo en la trama: el surgimiento de un “Tercer Hombre”, François Bayrou. Aunque su victoria parece improbable, hoy hay que tomarse seriamente a Bayrou. Antes que todo, ha encontrado en Ségolène Royal y Nicolas Sarkozy dos notables voceros de su candidatura. Mientras más Royal regresa a los "clásicos" del Partido Socialista y mientras más Sarkozy corteja abiertamente a la extrema derecha, más aumenta la popularidad de Bayrou. De hecho, las persistentes dudas que tienen los franceses acerca de la capacidad de Royal y el carácter de Sarkozy son las principales razones de su abrupta alza en las encuestas de opinión pública, desde un 7% de apoyo al comienzo de la campaña al 22% actual. La segunda razón del espectacular repunte de Bayrou tiene menos que ver con las personalidades y más con el estado de ánimo nacional de Francia. La misma razón que hizo que la mayoría de los franceses votara “no” en el referendo sobre el borrador de Tratado Constitucional de la Unión Europa en mayo del 2005 puede hacer que voten por Bayrou, el más proeuropeo de todos los candidatos. ¿A qué se debe esta paradoja? El voto que dijo “no” al Tratado Constitucional en 2005 ahora quiere decir “no” a los líderes de la izquierda y la derecha francesas. En las elecciones presidenciales de 2002, la frustración con el sistema generó un fuerte apoyo a los extremos y Jean-Marie Le Pen, líder de la extrema derecha, llegó a la segunda vuelta. Al contrario, en el 2007 –y esto significa un avance real– un gran segmento de la población francesa siente la tentación de votar por el “centro extremo”, es decir, Bayrou. Los indecisos. Bayrou ha participado en política por largo tiempo, y fue candidato presidencial en 2002. Sin embargo, si bien su historial como ministro de educación está lejos de ser notable, ha conseguido reinventar su imagen en los últimos meses, convirtiéndose en el “hombre nuevo" de la política francesa. Parece más tranquilizador que Sarkozy y suena más competente que Royal. Esto no le bastaría en tiempos normales, pero hoy –en ambos lados de la brecha que divide el espectro político– los oponentes de los principales candidatos parecen dispuestos a unir fuerzas con él y traicionar sus respectivos bandos. Lo que hace que Bayrou pueda llegar a ser tan fuerte es el hecho de que las reservas y dudas generalizadas acerca de los dos principales candidatos están influyendo en los cálculos de los militantes y los políticos. En el lado conservador, Jacques Chirac apoya ahora oficialmente a Sarkozy, pero también puede alentar secretamente a sus partidarios más leales a votar por Bayrou, incluso si no hay afecto entre ambas figuras. En la izquierda, el ala socialdemócrata del partido Socialista, que respaldó a Dominique Strauss-Kahn contra Royal, puede sentir la tentación de apoyar a Bayrou también, con la perspectiva de una alianza postelectoral entre la centroizquierda y la centroderecha. Dicho esto, las encuestas electorales demuestran que una gran proporción está todavía indecisa, particularmente entre los partidarios de Bayrou. De modo que es demasiado pronto como para decir si llegará a la segunda vuelta. Sin embargo, si lo hace, es probable que se vuelva irresistible. Una victoria de Bayrou, que es improbable pero no imposible, significaría una revolución por partida triple. Primero, llevaría al fin del Partido Socialista creado por François Mitterrand. Tras la humillante derrota de Lionel Jospin en el 2002, los socialistas sencillamente no sobrevivirían a no llegar a segunda vuelta por segunda vez consecutiva. El legado de de Gaulle. Más aún, una victoria de Bayrou implicaría el fin del partido conservador creado por Chirac, así como la Quinta República de Charles de Gaulle. Lo más probable es que el legado de de Gaulle se desvanecería sin ruido; no obstante, la nostalgia por Mitterrand y Chirac posiblemente resultaría muy tentadora para un pueblo desilusio- nado del sistema político, pero que desea que le den seguridades. Francia quiere la ilusión del cambio, pero ¿es continuidad lo que realmente desea? Finalmente, si bien se esperaba que estas elecciones dieran pie a una nueva generación de políticos, pocos estaban preparados para prever el tsunami político pacífico que causaría una victoria de Bayrou. Sin embargo, ese sería el resultado si la atracción por el centro resulta ser tan irresistible para segmentos importantes de los partidos socialista y conservador como parece serlo hoy. Francia es un país maravillosamente paradójico, de modo que la búsqueda de novedad, si no de modernidad, podría llevar a la reinvención de la Cuarta República, un régimen parlamentario caracterizado por su debilidad e inestabilidad. Eso dependerá en parte de si la percepción de Sarkozy como un candidato de riesgo resulta ser más fuerte que el riesgo institucional muy real que Bayrou representa. Hoy hay quizás una menor presencia francesa en el mundo que hace doce años, cuando Jacques Chirac llegó al poder, y especialmente desde el rechazo al Tratado Constitucional en 2005. Sin embargo, el interés mundial por la campaña presidencial francesa es mayor que nunca, y se puede comparar con la atención generada por la elección de Mitterrand en 1981. En las pocas semanas que quedan antes de la primera vuelta presidencial pueden cambiar muchas cosas, pero hoy la campaña ya se ha convertido en un asunto de números: ¿será el “Tercer Hombre” el sepulturero de la Quinta República? Copyright: Project Syndicate, 2007.www.project-syndicate.orgTraducido del inglés por David Meléndez Tormen
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