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Ojo Crítico Rodolfo Cerdas Con lo difícil que es hallar funcionarios como Diego Víquez del IMAS y Leonardo Garnier de Educación, sorprende la irreflexiva manera en que los sindicatos se han lanzado contra ellos, como si tuvieran a mano alguna alternativa mejor que ofrecerle al país. En ambas instituciones los problemas existentes tienen raíces profundas y jamás podrían atribuirse a la gestión u omisión de ambos funcionarios, que más bien han mostrado firmeza y claridad excepcionales para corregirlos. Por lo demás, sería obvio, iluso y hasta torpe, esperar soluciones mágicas e inmediatas. Cuando, por ejemplo, se imponía exigir cuentas sobre los miles de millones que el IMAS perdió en sus monopolísticas tiendas libres de impuestos, nadie dijo nada. Sobre el IDA, todos callan. Cuando los maestros interinos se asaban o empapaban en largas filas, o los diputados de gobierno jugaban con los nombramientos para satisfacer el clientelismo electoral, ni remotamente se publicaron los campos pagados que se publican ahora contra el Ministro. Pero cuando Diego Víquez llega al IMAS con ideas, honorabilidad y sensatez, un error humano suyo, corregido por lo demás rápidamente, da pie a un escándalo inútil que lo obliga a renunciar, abusando de su sentido ético. ¡Qué triunfo! Y así, mientras nepotismo y clientelismo siguen vivitos y coleando, al IMAS, al país y a los más pobres se les priva de uno de sus mejores funcionarios. Sorprende que dirigentes hábiles y experimentados como los de la ANEP cayeran en esa trampa, que farisaicamente sacrifica a un funcionario capaz y honorable a cambio de nada, excepto, quizá, el beneficio de algún burócrata con cálculos inconfesables. En tanto, los más pobres quedan librados a las viejas maniobras, que los convierten en trampolín para el presupuesto y las lides electorales. Otra actitud inexplicable es la adoptada contra el ministro Garnier, justo cuando intenta corregir fallas y errores, la corrupción institucionalizada y el clientelismo redivivo. Porque entonces sus peores enemigos resultan ser nada menos que los dirigentes sindicales que, debiendo apoyarlo, defenderlo y ayudarlo en el combate de los vicios, se suman de hecho a los gestores y beneficiarios del desastre actual; y, diz que defendiendo a sus agremiados, empeoran los problemas que el Ministro intenta resolver. Algo muy malo está sucediendo en la educación nacional, ya no solo en su calidad, sino en los objetivos e intereses reales de su dirigencia. Porque lo que esta está haciendo nos dice que, en realidad, no quiere cambios, sino que sigamos como estamos o, peor aún, que sigamos cuesta abajo en la rodada. ¡Sindicato: qué barbaridades se cometen en tu nombre!
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