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Comentario del evangelio: ¡No juzgues! El relato que el evangelio nos presenta en este nuevo domingo de Cuaresma nos pone ante un hecho que muestra la estatura de los enemigos de Jesús. Buscan tenderle una emboscada. Los legalistas le presentan una mujer sorprendida en adulterio: un problema difícil y sea cual sea la solución que proponga le perjudicará. Dt 22, 23s indicaba la lapidación para la virgen desposada que fallaba, mientras Lv 20, 10 o Dt 22, 22 indicaban la pena capital para la adúltera mas no el modo de proceder. ¿Qué piden las gentes a Jesús? No queda del todo claro en el texto que hoy comentamos qué opinión se pide a Jesús; talvez era un criterio acerca de cómo aplicar la pena a aquella mujer que le presentan. Jesús “ kategraphen ”, nos dice Juan; esto es, escribe. Mientras todo se da, el Señor se da a la tarea de escribir y lanza un reto: que presente la iniciativa de ejecución el que tenga conciencia de ser digno de juzgar. Los enemigos de Jesús de inmediato se percatan de la eficacia de su respuesta. Y entre avergonzados y derrotados se van marchando, “empezando por los más viejos” (v.9c). Impactante y sugerente comentario del autor sagrado. En el cierre del relato, Jesús deja claro que el pecado tiene su peso, que es una realidad a combatir y que no se puede transigir con ella. Sin embargo, deja también muy claro que Dios extiende su misericordia al pecador para que se arrepienta y se anime a apartarse de sus faltas. La escena final, que pone a Jesús frente a la pecadora y que ha sido leída y releída de los modos más diversos, ilustra el sentido de la llamada al arrepentimiento y la necesidad de pasar del juicio temerario. El Señor invita a aquella adúltera a reconsiderar su vida para retomarla en lo sucesivo con un talante nuevo. Consta en la historia de la Iglesia antigua que así fue. Pero también Jesús deja claro otro punto: si él no juzga, ¿por qué hay quién se cree en condiciones de hacerlo? Aún hoy esto es un drama. La gama de fariseos y letrados sigue siendo abundante y variopinta. Pululan los que juzgan y destruyen vidas al hacerlo, sobran los que se sienten dueños del estilo inmaculado de vida y discriminan, son demasiados los intolerantes que tienen piedras en sus manos y que están dispuestos a lanzarlas sin pudor de sí mismos. ¡Cuánto enseña Jesús día a día y cuánto transforma nuestra vida en tiempos como esta cuaresma por la que andamos! P. Mauricio Víquez L.
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