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Ser o tener No caigamos en la trampa de confundir el éxito con los logros materialesJorge Woodbridge Frecuentemente nos preguntamos: ¿adónde vamos?, ¿qué hemos logrado?, ¿cuáles son nuestras aspiraciones?, ¿cuáles son nuestras fortalezas?, ¿qué queremos ser?, ¿somos felices?, ¿cuáles son nuestros retos y oportunidades?, ¿estamos sujetos a la moda de tener y poseer?, ¿estamos viviendo solo para aparentar sin preocuparnos por lo verdadero y lo auténtico?, ¿vivimos por obtener la riqueza ?, ¿cuál es nuestra expresión de pertenencia social?, ¿cuáles son nuestros valores?, ¿cuál es el concepto que tenemos de nosotros mismos? Seamos lo mejor. Si no somos un pino alto, no nos preocupemos por ello, podemos ser un arbusto, pero entre los arbustos seamos el mejor. Siempre debemos superarnos. Todo depende de nosotros. No podemos ser todos capitanes. Seamos una estrella, si no podemos ser el Sol. Es decir, cualquier cosa que seamos, debemos ser la mejor. Hay que obligarse a luchar siempre por superarnos. Debemos estar orgullosos de nuestros logros. No debemos darnos por vencidos. La perseverancia nos templa. La fe nos agranda. La esperanza nos sostiene. La humildad nos ennoblece y la razón nos guía. Pero, ante todo, luchemos por lograr “ser”. Solo si encontramos los valores auténticos – espirituales y morales, y no solo materiales– seremos los mejores. Ser. Muchos nos preocupamos solo por el “tener”, sin darnos cuenta de que lo importante en la vida es “ser”. En este mundo globalizado y materialista, lo único que nos preocupa es el “tener”. Medimos la felicidad de acuerdo con la marca de un carro, un Ipod , una computadora, ropa de marca, un condominio en la playa, viajes, etc. Hemos confundido nuestros valores. Todos corremos por el “tener” y no por el “ser”. Ser amado, ser gente, ser solidario, ser necesitado, ser amigo y ser respetado. El “ser” lleva toda la vida conseguirlo y el “tener” muchas veces lo conseguimos rápido. Los años pasan y nos olvidamos de lo más importante: vivir y ser felices. El “ser” es eterno y espiritual. El “tener” es efímero y no me asegura la felicidad. Revisemos nuestra vida. No nos frustremos ante el poseer. No todo lo que brilla es oro. Ese “ser” no siempre es difícil de alcanzar si tenemos fe en Dios. No caigamos en la trampa de confundir el éxito con los logros materiales. Vivamos. Cambiemos de actitud ante la vida. Luchemos por lo que creemos. No nos preocupemos por lo que piensa la gente. Nadie es tan importante como para que los demás piensen en él. No vivamos en función de los juicios ajenos. La exposición ante quienes nos enjuician usualmente no se prolonga en el tiempo. No nos debemos mover en el ámbito de las suposiciones y en el que dirán. Vivamos de acuerdo con nuestro juicio y valores morales. Siempre fundamentados en nuestra realidad. Superemos nuestros errores y avancemos. Fortalecerse y luchar por valores auténticos debe ser nuestro norte. No subordinemos nuestro actuar, nuestro respeto, nuestra dignidad a solo dar una buena imagen a los demás. No vivamos en función de otros. Si vivimos y nos organizamos en función de otros, nunca vamos a ser felices. Comprometámonos con nuestro auténtico “ser”. Aprendamos. Eduquémonos a superarnos, a vencer, a conocernos, a tomar conciencia de nuestras obligaciones dentro de la sociedad y la familia. Aprendamos a asumir riesgos, a equivocarnos y aceptar nuestros errores. Cultivémonos para cambiar todo aquello que podemos mejorar. Asumamos responsabilidades, seamos auténticos, seamos coherentes y fieles a lo que queremos “ser”. Aprendamos a romper el egoísmo que nos atrapa y a la falta de solidaridad con los demás. Miremos de frente y aprendamos a decir “no” cuando así se requiera. Seamos fuertes cuando otros sean débiles. Gritemos en voz alta cuando otros callan. Tengamos ideales, soñemos, cambiemos, pero, ante todo, seamos auténticos y luchemos por “ser”. Actitud. Seamos optimistas, pero felices. Programemos en nuestra vida, el desarrollo de una actitud mental positiva, que es fundamental para ser exitosos. La diferencia entre el ser feliz y ser exitoso depende de nosotros y de nuestra postura ante las situaciones que la vida nos presenta, a la capacidad de autoestima que tengamos y nuestra actitud ante la vida. El ser auténticos y felices depende de nosotros. En nuestras manos está la solución. Nuestra mente es tan poderosa que puede lograr todo lo que se propone. Cambiemos de actitud. Protejámonos de los mensajes negativos. Aclaremos nuestras metas. No perdamos nuestra admiración por lo bello y sublime. Apreciemos y demos gracias a nuestro Dios por los que poseemos. Seamos positivos, rápidos, inteligentes y fuertes. Aprovechemos al máximo nuestro potencial y utilicemos eficazmente nuestras habilidades. Sobre todo, seamos felices y logremos “ser” antes que “tener”.
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