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Cuba y los “intelectuales”

Un triste récord en la historia de las luchas revolucionarias

Orlando Núñez Pérez
Periodista

Muchas de las calles de la ciudad de Miami, sobre todo el llamado downtown o “La Pequeña Habana”, son como un reservorio de datos sobre el atroz trato que el régimen castrocomunista ha dado a los cubanos. En cualquier sitio nos encontramos con hombres y mujeres que son la prueba, aun viviente, de la vesania comunista. Historias de horror de encarcelamientos injustos: 20 años en prisión, o 18 ó 30 como a Mario Chanes, que acaba de fallecer. El fue amigo y compañero del dictador: en el ataque al Moncada, en el desembarco del Granma, en las guerrillas de la Sierra, en el triunfo revolucionario. Pero no era comunista y por denunciar el engaño tuvo que cumplir 30 años de prisión, un triste récord en la historia de las luchas revolucionarias.

Estos ejemplos pavorosos no mueven aún la conciencia de “los intelectuales de izquierda”. Desde el comienzo de la revolución fidelista, una conmoción enamorada hizo presa de los genéricamente llamados “intelectuales de izquierda”. Sin conocer las raíces, antecedentes ni consecuencias del acto revolucionario, y echando a un lado el origen “gangsteril” del “máximo líder”, en su embobamiento, crearon la atractiva figura de un Robin Hood moderno, cayendo en brazos de una obtusa incondicionalidad, negación palmaria de la correcta actitud de un intelectual, que tiene responsabilidades con la verdad y la libertad.

Unipersonal comunista. Casi de inmediato, el ego prepotente del “líder” trazó el camino: anular toda oposición, toda libertad de opinión y creación: “con la revolución todo, contra la revolución nada”. Las promesas libertarias devienen en totalitarismo. Los cantos de sirena democráticos, en dictadura; la supuesta ideología martiana, en el partido único y el abrazo con la Unión Soviética, en la garantía de su régimen unipersonal comunista, a 90 millas de Estados Unidos, aprovechando las tensiones de la “ Guerra Fría”.

Se proclamó el “líder”, marxista-leninista “desde toda su vida” echando un manto mentiroso sobre sus años en el Colegio Dolores en Santiago de Cuba, donde cursó la primaria, y en el exclusivo Colegio de Belén donde culminó la secundaria, ambas instituciones católicas. Allí, entre sotanas, rezos, misas y comuniones espigó el líder. Dicen que sacerdotes-maestros españoles jesuitas lo hicieron antiyanqui: él les repondría la derrota española de 1898; lo demás es sangrienta historia: miles de asesinados, fusilados, y encarcelados sin juicio, millones de exiliados y la destrucción de un país próspero. ¿Han confesado su error y su culpa los “intelectuales” que le apoyaron? No. Ellos se creen por encima del bien y del mal. Para eso tienen a su disposición periódicos, emisoras, cátedras, editoriales.

Función esencial. Solo unos pocos verdaderos intelectuales han tenido el valor de denunciar la dictadura castrista, siguiendo lo que Mario Vargas Llosa definió acertadamente “La función de un intelectual, en una sociedad democrática es contribuir a mantener a la opinión pública alerta e informada, de modo que aquellos poderes (en los que siempre anidará la predisposición a dudar y a crecer) no se extralimiten ni desborden del marco de la ley y del bien común”.

¿Han hecho esto los “intelectuales de izquierda?” Al contrario: aún apoyan, junto a “la pandilla dorada” de Hollywood, a un régimen corrupto y liberticida, de golpiza y cárcel, como el de Cuba, mientras gimotean por los terroristas encarcelados…

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