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Inconsciencia del dejar hacer Alfonso Araya Alfaro austerlitz_90@hotmail.com Bismarck, un peculiarpremier alemán, sufrió grandes críticas, pese a su ingenioso liderazgo. Por su fuerte política exterior y convertirse en mano derecha del Káiser, fue aclamado por muchos y abucheado por otros tantos. Desechando las críticas, fue un estadista vigoroso, que sentó las bases de la respetada nación alemana, legado que ha llegado hasta hoy. Las luchas entre grupos confrontativos del imperio alemán se relacionan con la actual coyuntura histórica de Costa Rica, por las pugnas de ciertos sectores sobre el TLC y su papel. Esta lucha entre los pro y contra del Tratado semeja más una batalla “diplomática” que una discusión civilizada y caballerosa. Inventada contienda. Los problemas, la desinformación y las manifestaciones del pueblo responden a una lucha romántica, diría byroniana, de los extremos de una inventada contienda. Exceptuando a los que defienden sus posiciones con argumentos firmes y bien fundamentados, el resto de “valientes” redundan en una ignorancia muy sutil a partir del laissez-faire de Tiquicia, que podría ser definido como un dejar hacer lo que no tengo que hacer, dejar pasar todo porque no me interesa o dejar a otros pensar por mí. Este término no es gratuito. Factores importantes como el poco desarrollo del pensamiento abstracto, el abstencionismo electoral y la inacción o acción torpe de la población ante las decisiones del Gobierno, tomándolas como la mentalidad colectiva, nos grafican como una sociedad enferma, que desahoga su pobreza reflexiva en opiniones descabelladas, cayendo en servilismos hacia cualquier opinión, inclinándonos por la que suene mejor o, en el mejor de los casos, la que me muestre como patriota y entendido de la materia, apelativos llenos de la moralina de Tiquicia. Raíz del problema. Es decir, tanto alardeo y discusión no se derivan del documento ni de los grupos radicales sino de nuestra propia miopía como conjunto. Por desgracia, nadie reacciona ante esta anestesia, y es este vicio la raíz del problema. Y se esperaría una respuesta rápida y concisa de las autoridades de poder del país, pero algunas de sus figuras están nubladas con infantilismos y falta de liderazgo, que les impide asumir el deber como representantes de la voluntad civil. Es en ellos, no en nosotros, donde deben recaer las decisiones que les delegamos pues, vista de forma analítica, la llamada “democracia callejera” sería un “autorrobo” de la voluntad del pueblo. Parafraseando a Bismarck, en su frase frente al Reichstag: las grandes cuestiones del momento no se solucionarán con discursos ni con decisiones adoptadas por mayoría, sino con prudencia y sabiduría. En fin, que Dios nos agarre confesados.
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