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En Vela Julio Rodríguez El gobierno de Enrique Bolaños, de Nicaragua, en el quinquenio anterior, fue por lana y salió trasquilado. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) declaró inadmisible la reclamación “Canda Mairena y Silva Urbina”, tendiente a que el Estado costarricense fuese acusado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por los delitos de xenofobia y discriminación, en el caso de las muertes de estos dos nicaragüenses. Como expresó el canciller Bruno Stagno, este es un logro diplomático, que ratifica el respeto de Costa Rica a los derechos humanos, y el epílogo de una labor “impecable” del equipo que defendió la tesis jurídica de Costa Rica, dirigido por Gioconda Ubeda, exdirectora jurídica de la Cancillería, a la sazón, y hoy nuestra embajadora en México. Según la vocera de la Cancillería de Nicaragua, un grupo de asesores jurídicos de ese país estudia las 72 páginas de la resolución. Ojalá la lean, la rumien y la saboreen para que no vuelvan a incurrir en semejante metida de patas. Lo de metida de patas no es una metonomia. Es una descripción plástica de una realidad humana. Cuando las patas sustituyen al cerebro, esto es, cuando se desplaza la razón de su sitial de honor a los pies, todo se trastorna. Nuestras vidas están llenas de episodios dolorosos de este tipo y la humanidad, de tragedias, por esta metamorfosis. De aquí la insistencia en que la escuela enseñe a pensar, una de las necesidades más apremiantes en nuestro país, tras tantos años de pedagogismo, de facilismo y de la vigencia de la teoría del pobrecito, cuyas víctimas son precisamente los pobres. En cuanto al fallo de la CIDH, la derrota no recae, por supuesto, sobre Nicaragua, como nación, sino sobre el Gobierno de Bolaños y, particularmente, sobre su nefasto canciller, Norman Caldera, paradigma de ignorancia en el campo internacional y de animadversión y mala fe contra Costa Rica. Y pensar que pretendió ser el vocero de Centroamérica en las negociaciones ante la Unión Europea. Ahora bien, ¿por qué el canciller Caldera se impuso en su Gobierno y nadie se le enfrentó? Esta es la cuestión de fondo. Por dos razones: porque el peor estigma contra un nicaragüense, en Nicaragua, en el orden político, es llamarlo amigo de Costa Rica. Por eso, el río San Juan es el más sólido vínculo de unidad interna. Así, cualquier infundio contra Costa Rica es moneda de curso corriente. En segundo lugar, por el arraigo descalificador en Nicaragua, y aun en ciertos sectores minoritarios de Costa Rica, de nuestro país como xenófobo, pese a que la historia demuestra todo lo contrario con hechos palpitantes. Somos, más bien, un modelo en el mundo. La verdad sea dicha.
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