 Arzobispo católica Luiz Flavio Cappio de Bahía
(AFP)
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BRASILIA (AFP) -
El gobierno brasileño llamó a licitación, en medio de protestas, para canalizar el río Sao Francisco, un faraónico proyecto de más de 3.000 millones de dólares que busca mitigar la sequía que condena a la pobreza a millones de habitantes del árido noreste.
La obra es la más cara prevista hasta la fecha por el gobierno del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, y prevé la construcción de 720 kilómetros de canales que irrigarán lagos artificiales, reservorios de agua y ríos de una inmensa región asolada por persistentes sequías y en la que viven 12 millones de personas.
El gobierno confirmó este miércoles que fue convocada la primera licitación. Las obras, sin embargo, no tienen fecha porque el proyecto espera los permisos del ministerio de Medio Ambiente.
La licitación ocurre en medio de protestas de opositores que, para presionar al gobierno, acamparon en plena Explanada de los Ministerios en Brasilia, la avenida donde tienen su sede los tres poderes del Estado.
Unas 600 personas de los municipios por los que atraviesa el río, muchas de los cuales viven de sus aguas, ocupan ese campamento y llevan varios días pidiendo audiencia con Lula y protestando por las calles de la capital.
"Mucha gente no entiende que el río es nuestra vida. Sin sus aguas no tenemos ni agricultura ni pesca, que son nuestra sobrevivencia. Y todo indica que el trasvase reducirá mucho el caudal del río", reclama Maria da Gloria Santos, una curtida agricultora negra, de 50 años, que vive en tierras entregadas por la reforma agraria, en el estado de Bahia.
"El trasvase le quita agua a un río que ya tiene poca agua, porque ya construyeron varias represas", lamentó Benedito Roque Costa, de 66 años y que vive de la pesca en el río Sao Francisco a su paso por el estado de Alagoas.
Los opositores objetan que no hay suficientes estudios sobre los impactos y que el gobierno gastará miles de millones en un proyecto que consideran favorece más a las grandes empresas camaroneras y productores rurales que a los pobres.
La Pastoral católica de la Tierra y movimientos como el de los Sin Tierra ayudaron a organizar el campamento, al que está previsto que llegue este jueves el obispo católico Luiz Flavio Cappio. El religioso se convirtió en 2005 en el máximo abanderado de la oposición al trasvase, cuando hizo una huelga de hambre de 11 días que terminó cuando el gobierno se comprometió a debatir públicamente el proyecto.
El gobierno asegura que los temores son alarmistas, y que la canalización tomará apenas 1,4% del caudal del río, sin afectarlo significativamente.
Los estudios justifican la viabilidad ambiental del proyecto, aseguró el miércoles a los manifestantes la ministra de Medio Ambiente, Maria Silva. "Vamos a respetar la legislación ambiental", añadió.
"Esta obra es estratégica para el desarrollo nacional de Brasil", escribió el ingeniero civil Paulo Bezerril.
Un estudio del ministerio de Medio Ambiente sobre los efectos del cambio climático en Brasil prevé que el semiárido del nordeste del país se convertirá en árido en los próximos cien años.
El "Viejo Chico", como los habitantes de la zona llaman al río Sao Francisco, es el tercer mayor río de Brasil, recorre cerca de 3.000 km y ocupa 8% del territorio brasileño.
Parte de las obras serán realizadas por el Ejército.
"Fuerzas Armadas, el proyecto es sospechoso, no os impliqueis en esas obras", reza uno de los carteles que rodean el campamento de protesta en Brasilia.
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