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El recuento de los daños

El rendimiento académico de los estudiantes se asocia a muchos factores

Álvaro Artavia Medrano
Director de Pruebas Nacionales

El profesor Ramiro Rodríguez insiste en afirmar que las pruebas nacionales presentan errores que han impedido graduarse a algunos estudiantes. Por dicha, después de leer algunos párrafos más, él acepta que cuando un estudiante tiene una nota muy cercana al mínimo para aprobar, es porque realmente no se ha desempeñado bien en su paso por la secundaria.

La elaboración de las pruebas nacionales conlleva un proceso técnico que permite obtener evidencias de que se miden los contenidos que se pretende, para lo que se cuenta con la participación de asesores de educación y docentes activos y pensionados.

Las pruebas nacionales –a diferencia de las pruebas de aula– cuentan con estudios internos y externos donde se analiza la calidad técnica, lo que permite, entre otros, rectificar los errores que como humanos todos cometemos. En el caso mencionado por don Ramiro, una prueba aplicada hace 4 años, debemos enfatizar en el hecho de que no se produjeron daños a ningún estudiante, pues el punto correspondiente al ítem fue concedido a toda la población. Los ítems de las pruebas nacionales no se anulan, pues esto perjudicaría a la población. Lo que se hace es un estudio técnico que, en caso de ser considerado por los especialistas, ter- mina en otorgar el punto.

Sin embargo, esto no ocurre en las pruebas de aula. ¿Cuántos errores se habrán arrastrado en las calificaciones que un profesor le da a sus estudiantes?, ¿cuál es la magnitud del daño directo o colateral hecho a miles y miles de estudiantes?, ¿cuántos profesores se han visto obligados a repetir una prueba de aula por errores en su confección? Estas y otras interrogantes quizás nunca tengan respuesta, porque es posible “reparar” los daños causados, sin que mucha gente se dé cuenta.

Las radiografías no curan. Es insignificante decir si se aceptó o no un error en la última prueba de bachillerato. La actuación del profesor Rodríguez puede considerarse poco juiciosa, porque parece estar dedicando un tiempo valioso a hacer un recuento de los errores de las pruebas nacionales. Realmente, son muchos los factores asociados con el rendimiento académico de los estudiantes. Los resultados obtenidos en las pruebas nacionales son un indicador más con que cuenta el sistema. Son como parte de una radiografía de lo que acontece en el ámbito educativo; pero todos sabemos que las radiografías ni alivian ni remedian las fracturas, aunque sí permiten tomar decisiones y acciones correctivas.

La preocupación del profesor Rodríguez debe servirnos como un llamado de atención a todos los involucrados en el sistema. Primero, porque sus “sospechas” hacen que cada uno tome parte de las responsabilidades que son de su competencia y esto generaría los cambios tan urgentes que la educación requiere. Segundo, porque así todos entenderíamos la necesidad de que los centros educativos promuevan, entre sus docentes, acciones que tiendan a mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje.

De “trucos” y ética. Un detalle más: don Ramiro afirma que hay una gran cantidad de docentes que enseñan a los estudiantes “trucos” para resolver ejercicios, aunque no sepan lo que están haciendo. Esa situación tan lamentable no se corrige con mejorar los ítems de las pruebas nacionales. Y, aunque él crea que las pruebas hacen tantas maravillas, esto es un asunto que se relaciona más con la calidad del trabajo, la formación de los docentes y la ética con la que se debe ejercer tan importante profesión.

Así, cuando el recuento de los daños conlleva un serio proceso de análisis y reflexión, estaremos dando los primeros pasos para la reforma educativa que tanto requiere Costa Rica. De lo contrario, continuaremos con las insignificancias que tanto daño le hacen a la colectividad. ¡Ojalá que haya interés para iniciar el buen camino!

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