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En Guardia Jorge Guardia Quirós jguardia@nacion.com Fui banquero. Ahora, soy salsero. Amo la salsa en todas sus formas y expresiones: música sabrosa, coreografías sensuales (Nuno y Vanda; Oliver y Luda) y el ritmo alocado de La Máquina, Jerry Rivera, Mark Anthony (inspirado en la J.Lo.) y la inmortal Celia Cruz (no hay cama pa´ tanta gente). Pero soy tieso. Por eso, admiro a quienes sueltan las caderas, aunque sean figuras públicas. En la Asamblea, varias congresistas menean sus cuerpecitos con increíble habilidad. El profesor es Fernando Sánchez, presidente de la comisión de Banca de Desarrollo, cuya habilidad para cantar y bailar salsa pudimos apreciar recientemente en televisión. Alguien con esa sensibilidad tendrá, seguro, la habilidad de liderar una buena ley de desarrollo. Pero deberá emplearse a fondo. La banca no es como la salsa. Ahí, el meneo es más complejo. No conozco al autor del proyecto original. De fijo, no era salsero. Le faltó –digamos– afinamiento y una buena partitura. Desafina en varios temas esenciales: gobernabilidad, sostenibilidad, cobertura (omite infraestructura), supervisión y control. Desata, además, un soniquete de politiquería mediata y ese retintín a urgencia por el TLC que destilan otros proyectos. ¡Lástima! Era la ocasión de aprobar una reforma total al sistema bancario. Yerra al dejar la gobernabilidad en manos de ministros que son, y serán, especímenes políticos, aves de paso que se la pasan, por así decir, tratando de hacer y gastar lo más en cuatro años (o menos) de vigor. Los bancos, en cambio, son permanentes. Deben velar por la recuperación y continuidad de sus recursos y ser gobernados por técnicos. Ellos, a su vez, han de ser supervisados por un organismo especializado en banca, como la Sugef. Por eso, nos decepcionó su respuesta a los bien intencionados congresistas, ansiosos por recibir su apoyo para una supervisión diferenciada . Mientras no haya intermediación financiera –dijo– ni se involucren recursos del público, no se justifica la intervención de la Sugef. En dos platos, los vendió. ¿Quién diablos, entonces, evitará que el Banco quiebre? ¿Cómo evitar que las directrices inciten aventuras financieras (meneos) para despilfarrar los escasos recursos del Estado? ¿Quién valorará los riesgos, tasas de interés, viabilidad y eventual “bancarización” de los proyectos? ¿Quién exigirá recuperar los préstamos y bajar la morosidad con base en estándares internacionales? La experiencia demuestra que la tolerancia financiera, en vez de curar, malea. Espero que don Fernando, el salsero, pueda evitar la enfermedad. Porque en el estrecho hospital del desarrollo no hay cama pa´ tanta gente.
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