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50 años de Estudios Generales Lo que hice fue hacer lo que había que hacer, y tratar de hacerlo bienClara Zomer teracota@racsa.co.cr Ingeniera Era una hermosa mañana de verano, entre el nuevo edificio de los Estudios Generales y la ya clásica Facultad de Ingeniería cuando comenzó el curso lectivo de 1957. Los recién estrenados alumnos de la reforma de los Estudios Generales teníamos que escoger entre tres áreas de estudio, según la carrera que deseábamos seguir. Mi área, Físico-Matemáticas, incluía las materias del primer año de la carrera de Ingeniería, las materias adicionales de Estudios Generales y una clase optativa. Un compañero, de los que nunca faltan, advirtió que era muy difícil pasar todas las materias de ingeniería en el primer año, pero que añadir la carga de los estudios generales lo iba a hacer casi imposible. Mi vocación de sacar la carrera que había escogido, Ingeniería, en el más corto tiempo posible, me hizo desechar ese fatal pronóstico, que resultó ser cierto: Al final de aquel primer año de Estudios Generales, solo cuatro estudiantes pasamos las materias completas del área de Físico-Matemáticas. Ellos fueron sor Consuelo Cuadra y otra monja cuyo nombre no recuerdo, que querían ser profesoras de Matemáticas,Taty Gamboa y la que suscribe, que aspirábamos a ser ingenieros. Retos, descubrimientos y anécdotas. Aquel primer año ciertamente no fue fácil, pero lo recuerdo lleno de retos, descubrimientos y anécdotas para contar incansablemente una y otra vez, hasta que se vuelven arquetípicas y, como sería una constante en mi vida, llenas de moralejas. Pero ¿no eran precisamente esos algunos de los objetivos de la reforma de los estudios generales? El entrenamiento que mi padre me había dado con la famosa regla de tres, los logaritmos y otros menesteres me facilitó enfrentar las matemáticas. Otro asunto completamente distinto fue la Física, así con mayúscula. Ni el colegio ni mi padre ni la vida me habían preparado para ese nuevo lenguaje, que me resultaba completamente opaco, como si fuera idioma chino. En el primerquiz , sobre vectores, me saqué la nota más baja, una D. Un compañero, Abraham Frishwasser, me explicó lo que eran los dichosos vectores. Con esa pequeña ventana al mundo de la Física, y haciendo todos los ejemplos de todos los libros que cayeran en mis manos, al final del año era una de las mejores estudiantes en esa materia. Por la tarde eran los estudios generales, y nos iniciamos con una conferencia de don Constantino Láscaris Comneno. Qué maravilla ser tratada como una adulta, y ver que las preocupaciones sobre la naturaleza del ser y otros temas humanos podían ser analizadas con rigor pero también con sentido del humor. En Físico-Matemáticas no tuvimos la suerte de tener los grandes profesores que las autoridades universitarias habían contratado para dar brillo a los estudios generales. Pero había conferencias, y lo mejor de todo: se podía conversar con estos profesores en la soda de Estudios Generales, que a veces resultaba ser la mejor de las cátedras, y la fuente de amistades para toda la vida. Divertida exploración. No recuerdo cuáles eran las materias electivas y cuales escogieron mis compañeros de Físico-Matemáticas. Yo escogí la denominada Práctica de Teatro, y tuve la suerte de que la dirigía don Guido Sáenz. Nuestra práctica fue la presentación de una obra de Chejov, El aniversario. Yo hacía el papel de la esposa frívola, a sabiendas de que la frivolidad ocuparía un sitio muy reducido en mi personalidad. Pero, entonces, como me divertía explorando aquel camino que nunca seguiría y haciendo sufrir al presunto marido, papel que desempeñaba nada menos y nada más que Óscar Castillo, cuya vocación sí era el teatro. Vuelvo a ver con nostalgia aquel año de reforma de los Estudios Generales que tanto significaba para las autoridades universitarias y que, en una u otra forma, marcó las vidas de nosotros, los estudiantes de 1957. En las festividades de clausura, el decano, don José Joaquín Trejos Fernández, me preguntó perplejo cómo había hecho para pasar todas las materias de una especialidad tan difícil como la Física-Matemáticas y, además, hacer teatro. En aquel momento no supe qué contestarle. Ahora lo sé. Don José Joaquín, lo que hice fue hacer lo que había que hacer, y tratar de hacerlo bien.
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