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EDITORIAL

Tasas de interés

El Banco Central debe tener un único objetivo: controlar la inflación
Se deben evitar innecesarias salidas de capital cuando se abran las bandas cambiarias


La discusión pública sobre la evolución, perspectivas y niveles actuales de las tasas de interés en los mercados nacional e internacional ha cobrado nuevos bríos. Entre las muchas aristas del tema se discute con particular afán si las tasas activas aplicables a los préstamos bancarios esconden comisiones y otros cargos engañosos, si las tasas pasivas con que se remuneran los depósitos a plazo (ahorro) han descendido demasiado (al punto de volverse negativas en términos reales) y si las expectativas de movimientos en el mercado financiero internacional sugieren que las autoridades monetarias y fiscales costarricenses deben estar más alertas y ser prudentes en sus políticas de tasas de interés.

Hemos señalado en varias ocasiones que las tasas activas en nuestro país son demasiado elevadas en términos reales (descontando la inflación), debido a los altos márgenes de intermediación financiera prevalecientes en las ventanillas de los bancos públicos y privados. La diferencia entre los costos de captación de recursos (tasas pasivas) y los intereses exigidos al público por los préstamos, es uno de los más elevados del mundo. En muchos casos, asciende a diez puntos porcentuales, lo cual eleva el costo de la inversión para producir, afecta el crecimiento económico e incide en la competitividad internacional. En otras plazas financieras el margen es más razonable. Aquí, se eleva por las cargas exigidas por ley a los bancos comerciales (incluyendo fondos para universidades, Infocoop y el canon para captar recursos a la vista). También inciden la insuficiente competencia en nuestro pequeño mercado financiero por la menor presencia relativa de bancos internacionales, más eficientes y competitivos, y el papel monopolístico de las entidades financieras estatales y sus respectivos costos burocráticos, todo lo cual debe arreglarse mediante una reforma comprensiva al sistema financiero.

Si, además, se agregan los denominados costos “ocultos” en los préstamos de los bancos comerciales públicos y privados, las tasas activas se vuelven demasiado onerosas. En nuestro reportaje del pasado viernes dimos cuenta, con base en un estudio comparativo del Ministerio de Economía, que las tasas efectivas de los préstamos para vivienda se elevan hasta en seis puntos porcentuales en relación con las tasas nominales ofrecidas en ventanilla. Las diferencias más elevadas por este concepto las encontró el MEIC en los bancos Interfin, Banex y Scotia Bank (4,92; 5,69 y 4,60, respectivamente) y las más bajas en Coopevegra y CoopeSanRamón (1,46 y 1,94). El Banco Nacional, por ejemplo, paga a sus depositantes una tasa similar a la inflación (cero ahorro real), pero cobra a sus clientes diez puntos más por sus préstamos (17,48%, tasa efectiva). Con una inflación esperada de 8% anual, la tasa real efectiva para adquirir vivienda es casi del 10%. En otros países, en cambio, los costos reales para préstamos son, apenas, la mitad.

Si bien las tasas activas son muy elevadas en términos reales, las remuneraciones a los ahorrantes, por el contrario, se ubican por debajo de las tasas actual y esperada de inflación. Mientras que la tasa básica pasiva, representada por el promedio ponderado de las tasas de captación de las entidades financieras públicas y privadas, rondaba la semana pasada la inflación, las tasas (netas) que paga el Banco Central a un año, publicadas en su página de Internet, eran menores, pues alcanzaban un 7,12%, mientras que la tasa de inflación acumulada en los últimos 12 meses la superaba (8,6%) y la tasa esperada de inflación también era mayor, al ubicarse en un nivel similar (8,7%). Las tasas de interés de la subasta conjunta del Gobierno y Banco Central eran aún menores, pues oscilaban alrededor del 7%. En tales circunstancias, se podría desestimular el ahorro y estimular el gasto y las importaciones y, también, la demanda por divisas y el tipo de cambio. Actualmente, el mercado cambiario es superavitario, pero, a mediano plazo, la situación podría ser muy distinta. Y tener tasas de ahorro negativas sería contraproducente.

Finalmente, gravitan sobre nuestro mercado financiero las vicisitudes de las tasas internacionales de interés. En los Estados Unidos, existe alguna probabilidad de que puedan oscilar hacia arriba si repunta la inflación o, al contrario, si se confirman los temores de que pueda iniciarse la fase recesiva del ciclo productivo, tal y como ha predicho Allan Greenspan, el anterior jerarca de la Reserva Federal (FED).

El Banco Central Europeo, por su parte, subió recientemente sus tasas de interés en 0,25, para llevarlas a un 3,75% anual. Eso obligará al resto del sistema en Europa a acomodar sus tasas hacia arriba, lo que, de alguna manera, incidirá en el mercado financiero internacional. Por esa razón, las autoridades financieras nacionales deberían estar muy alertas a los movimientos en esos mercados para evitar innecesarias salidas de capital, sobre todo cuando se abran las bandas cambiarias.

Y aprovechamos esta ocasión para mencionar que la apertura del mercado cambiario y el advenimiento del sistema de “inflation targets” contemplado por el Banco Central exige separar la subasta conjunta de títulos del Gobierno y el Banco Central, como sucede actualmente, para no distorsionar la política monetaria del ente emisor. Esta institución debe tener un único objetivo: controlar la inflación. Si, para ello, resulta necesario subir las tasas pasivas de interés, debe hacerlo sin dilación ni contemplaciones. En cambio, el Gobierno tiene objetivos muy distintos: financiar el déficit fiscal a la menor tasa posible. Y presionará, por consiguiente, para que las tasas se ubiquen a la baja, independientemente de la inflación actual o esperada o las expectativas de la balanza de pagos. Se da, ahí, un evidente conflicto de intereses que debe urgentemente resolverse.

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