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Costa sur de Limón indefensa ante el hampa Policía ha tenido que movilizar a asaltantes en carros de sus víctimasEn el caso de Cahuita, los agentes viajan en moto, pero sin casco Otto Vargas M. ovargas@nacion.com Limón. Alexis Arce aprendió a hacer malabares cada vez que, en cumplimiento del deber, se ve obligado a viajar como acompañante en la moto policial. En la delegación a su cargo –labora como delegado distrital en Cahuita, Talamanca– hay apenas un casco para el conductor y la moto no tiene barras para que el acompañante apoye los pies. Por eso el jefe policial viaja con los pies en el aire y la cabeza al descubierto. Pese a ser uno de los principales enclaves del turismo limonense, apenas cinco hombres por turno tienen a cargo el resguardo de este paradisíaco lugar. De ellos, dos sirven como oficiales de guardia (se mantienen en la delegación), otro se encarga de la cocina y la limpieza y apenas dos efectúan labores preventivas: uno a pie y el otro en moto. Aunque acaban de recibir dos de esos vehículos, por turno apenas hay un hombre con licencia, por lo que una queda guardada. Cuando la motocicleta se utiliza para notificaciones, la seguridad queda a cargo de un agente... a pie. Eso los ha dejado en clara desventaja frente al hampa. Los comerciantes de la zona turística de Limón sur temen que los constantes asaltos y robos alejen a los visitantes. En enero, las autoridades judiciales recibieron 10 denuncias por robos en viviendas (2), tacha de cabinas (5), asalto (1) y sustracción de carros (2) en el Caribe sur. La Policía reconoce que eso no se ajusta a la realidad pues la gran mayoría de las víctimas prefiere guardar silencio. Cifra negra. “Aquí han atado a turistas para asaltarlos. Tome en cuenta que solo en Cahuita tenemos unas 600 cabinas. Cada vez que hay un asalto, todos nos vemos perjudicados”, dijo el comerciante Geovanny Rodríguez. La semana trasanterior la Policía detuvo a tres sujetos que, puñal en mano, despojaron a unos turistas de cámaras y dinero en el Parque Nacional Cahuita. Ante la falta de una patrulla, los agentes tuvieron que caminar 600 metros con los detenidos. A las víctimas las llevaron a la Fiscalía de Bribrí, Talamanca, en un microbús que alquiló la Asociación de Desarrollo de Cahuita. Los Policías de Puerto Viejo tienen sus propios problemas, sobre todo por tachas en centros de hospedaje. En promedio, la delegación policial recibe de 5 a 10 quejas semanales por saqueos en cabinas, así como unas 5 por asalto. “Más que todo, han venido a robar en cabinas que carecen de seguridad. Vienen pandillas de afuera”, explicó Hilda Montes, jefa policial. Fue hasta la semana antepasada, después de meses de contar solo con una destartalada moto para la protección de playas tan visitadas como Cocles, Chiquita, Negra, Uva y Manzanillo, que la delegación recibió una patrulla nueva. Aquí el personal también es escaso: apenas tienen seis agentes por turno y algunos se encargan de labores administrativas. La moto está tan mal que hace pocos días perdió un pulso con un sospechoso que huía a pie. En el pasado la Policía se vio en la necesidad de trasladar a asaltantes en el carro de sus víctimas. “Eso era un riesgo enorme. ¿Qué hubiera pasado en caso de un accidente?”, cuestionó Montes. Abandono. Durante casi un año una única patrulla (la de Bribrí) sirvió de apoyo a la zona turística, aunque eso significara viajar desde Cahuita hasta Gavilán Canta, Talamanca, en el distrito de Bratsi. Esa delegación tiene otra patrulla que arranca a empujones, pero no puede circular porque no ha pasado la revisión técnica. La falta de personal en Puerto Viejo provocó el cierre del puesto policial de Manzanillo. El local es ahora un búnker para el consumo de alcohol y drogas, confirmaron las autoridades. Las instalaciones están faltas de mantenimiento. En una de las habitaciones aún queda un camarote con la placa #96825 como patrimonio del Estado. En el piso se acumulaban, el día de la visita de este medio, 31 botellas vacías de licor y refrescos. La caseta huele a orines. En la otra pieza, las autoridades dejaron una silla roída y dos escritorios a punto de desplomarse, carcomidos por el herrumbre. El puesto de Home Creek también está cerrado.
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