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Foto Principal: 1529334
Eilyn Madrigal nunca ha visto a su esposo.
Priscila Mora para LN

Eilyn, la esposa de un buzo italiano profesional


Otto Vargas M.
ovargas@nacion.com

A Eilyn Madrigal la idea de ganarse ¢40.000 por prestar su firma para un enlace matrimonial con un extranjero le sonó bien, máxime que a sus 18 años pasaba por dificultades económicas, en parte agravadas por la muerte de su padre.

“A casa (en Guararí) llegaron dos vecinas y me dijeron que me tenían un negocio. Por mi situación acepté”, contó.

En la oficina de la abogada –en Heredia centro– aceptó la unión, aunque nunca conoció a su pretendiente: un italiano.

Esperaba que a los tres meses un divorcio acabara con el enlace. Hoy, casi dos años y medio después, aún está a la espera.

Ahora teme que ese falso matrimonio dé al traste con sus intenciones de casarse. “A mí ni siquiera me permitieron ver los papeles que firmaba”, explicó.

Años de espera. Madrigal asegura que en varias oportunidades visitó el bufete.

“Hace como seis meses fui donde la abogada. Le dije que estaba embarazada (era una invención) y que me urgía el divorcio. Entonces me recomendó interponer una denuncia por adulterio. Yo tenía que decir que había visto a mi esposo (un italiano) con otra mujer”, añadió.

Ese día, por primera y última vez en su vida, escuchó la voz de su esposo por teléfono. Ocurrió mientras se ponían de acuerdo. La abogada le cobró por el nuevo trámite ¢10.000.

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