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La tribuna del idioma El ardid de don Quijote Fernando Díez Losada fdiez@nacion.com filólogo Un muy conocido político costarricense, quien, además, colabora en este diario, publicó en Página Quince del viernes, 9 de marzo, un artículo con un breve título: Ardid , término interesante para quienes, como este columnista, disfrutamos con andar revisando todos los recovecos del idioma español. Ardid proviene, en último término de ardido , voz que en el siglo XII tenía el sentido de intrépido . De ahí, por apócope, nació ardid , primero como empresa guerrera y posteriormente, por influjo del catalán, como estratagema bélica, acto de astucia, audacia ... Leyendo el artículo de marras veo que el autor prosigue con una larga polémica sobre ese bendito TLC que ya nos tiene a todos hasta la coronilla. Y que el ardid , según él, es el extenso título del artículo (LN, 4 marzo, p. 36A) de su contricante en la citada polémica, subterfugio antiético, de nuevo según él, para atraer la atención del lector perezoso que solamente lee los títulos. Y afirma, con innegable ironía, que el largo nombre del artículo supera incluso a los nombres de los capítulos del Quijote . En primer lugar, he averiguado que ese largo título (12 palabras) no es el original, mucho más corto, sino que se trata de la “bajada” de ese mismo artículo que, por error (común en las carreras del cierre de todos los periódicos) de algún diagramador, sustituyó el título real. En segundo lugar, el Quijote tiene títulos largos y cortos (ejemplos: Capítulo VIII. Del buen suceso que el valeroso don Quijote tuvo en la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, con otros sucesos dignos de felice recordación . Capítulo XXXVI. Que trata de la brava y descomunal batalla que don Quijote tuvo con unos cueros de vino tinto, con otros raros sucesos que en la venta le sucedieron . (Nada menos que 28 palabras en ambos títulos). Capítulo XXIIII. Donde se prosigue la aventura de la Sierra Morena . Capítulo XXXIIII. Donde se prosigue la novela del «Curioso impertinente». (Solo ocho palabras en cada título). ¿Título largo? ¿Falta de ética? Tal vez don Quijote no fue el único que confundió molinos con gigantes.
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