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El arcoíris político Gerardo Alvarado Ulloa Así como un arcoíris posee distintos colores y cada uno representan un espacio dentro del conjunto, con su importancia y papel dentro del prisma, igualmente existen en una sociedad los diferentes actores que representan sus propios intereses y conviven dentro de un todo, llamado país, región o estado. Estos diferentes grupos de personas, conformadas civilmente o representantes de una institucionalidad, tienen como pilar fundamental el respeto para ellos y el respeto para los demás. Igual sucede con la sabia naturaleza. El color rojo de un arcoíris no puede invadir u opacar el brillo de otro color. Somos iguales ante la ley, pero somos diferentes y el respeto y la libertad de cada uno empieza en el respeto y la libertad del otro. Democracia madura. Hemos vivido en una democracia centenaria, no solo por sus años de existencia, sino porque ha madurado, y creo que hemos sabido leer los cambios sociales, culturales, económicos y políticos que vienen dándose en el mundo, privando el respeto y los derechos fundamentales de todo costarricense y habitantes de nuestro país. No por ello podemos ignorar o ser ilusos respecto a los problemas existentes en toda sociedad y que quienes lo sufren son una importante parte de la población. Precisamente, la búsqueda de soluciones a través de distintos pensamientos y posiciones –ideologías, teorías, corrientes, modelos, etc.– debe darse dentro de los principios democráticos y el Estado de derecho en que se sustenta el sistema político costarricense. Los partidos políticos, cámaras empresariales, sindicatos, universidades y todos los grupos que conforman pensamientos de interés nacional han tenido participación en la discusión del tratado de libre comercio suscrito entre Centroamérica y República Dominicana con el Gobierno de los Estados Unidos (TLC), ya sea por los canales formales que debe tramitarse un acuerdo comercial internacional o bien por las discusiones públicas y privadas que han organizado y dado a conocer a la ciudadanía en general. Mandato constitucional. Sin embargo, las decisiones finales tienen que tomarlas –y respetar el ejercicio de ese mandato constitucional– quienes corresponde. Así también debemos, los distintos actores de una sociedad, respetar aquellas funciones y competencias dentro del ordenamiento jurídico nacional. Siempre debemos pensar que los resultados en la toma de decisiones serán para bien y, de no ser así, somos capaces los costarricenses, y lo hemos demostrado, de encontrar soluciones y enderezar el camino. Esta experiencia fortalecerá aún más los principios y valores de nuestra democracia. Así los colores del arcoíris brillarán con toda su intensidad.
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