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/LA NACIÓN

Nuevas oportunidades

Donde las mujeres tienen más derechos y participan más, los países son mejores

Evita Arguedas Maklouf
Vicepresidenta de la Asamblea Legislativa

Hace unos años, leí un informe del Banco Mundial que me hizo reflexionar sobre el aporte que la mujer ha venido dando al desarrollo de nuestros pueblos. Decía el informe: “Los países donde las mujeres tienen más derechos y participan más en la vida pública tienden a tener negocios y gobiernos más limpios”.

Esta reflexión hay que unirla a una reciente información publicada enLa Nación , que informaba que Costa Rica ocupa el segundo lugar en el mundo en la representación de mujeres en un Congreso, con un 38,6%, que nos acerca mucho a la primera aspiración de lograr un 40% de representación de mujeres en la Asamblea Legislativa.

Esta realidad no es gratuita y, por el contrario, nos debe llevar a la reflexión, especialmente cuando analizamos los avances que el país ha logrado en términos de igualdad de oportunidades para todos y, en especial, para todas.

Existe una gran coincidencia de que los países que adoptan medidas específicas para proteger los derechos de la mujer e incrementar su acceso a recursos y a la escolarización tienen índices más bajos de corrupción y acumulan un crecimiento económico más rápido que los países que no lo hacen.

Recompensas demostradas. Según los estudios del Banco Mundial, hasta ahora solo se tenía la certeza que los países que reducen la desigualdad de sexo podían cosechar significativas recompensas, como la reducción de la mortalidad infantil, la mejora de la nutrición y niveles más bajos en los índices de fertilidad. Sin embargo, el nuevo estudio permitió establecer y “demostrar cómo los impactos positivos de reducir brechas de sexo incluyen también la reducción en los niveles de corrupción y un crecimiento económico más rápido, consecuencias que no se habían relacionado tradicionalmente con la igualdad de sexo”.

Este pensamiento me lleva a creer que los avances que Costa Rica ha logrado en los últimos años están bien encaminados, aunque hay que admitir que aún existen brechas profundas, especialmente en acceso de oportunidades.

La lucha no ha sido fácil. Lo logrado se debe al sacrificio y dedicación de muchas mujeres que nos antecedieron y, en su afán de lograr metas, tuvieron que enfrentar el prejuicio, la difamación, la burla y el desprecio de la sociedad, solo por el hecho de ser mujer y aspirar a ocupar un merecido lugar en la sociedad y, ¿por qué no?, en la historia.

Las primeras. Como dije en una oportunidad, hoy tenemos que agradecer y rendir homenaje a mujeres como Pancha Carrasco, por su participación en la guerra de 1856, a Ángela Acuña, la primera mujer abogada en Costa Rica, considerada como una pionera en las reivindicaciones de la mujer; a Bernardita Vázquez, la primera mujer en ejercer el derecho a voto, y a las primeras diputadas: María Teresa Obregón y Ana Rosa Chacón y Estela Quesada, quien también fue la primera mujer en ejercer la vicepresidencia del Directorio de la Asamblea Legislativa.

También han sido pioneras, en diferentes campos, doña Victoria Garrón, primera vicepresidenta; Rose Marie Karspinsky, primera mujer en ejercer la presidencia de la Asamblea Legislativa; Dorita Guzmán, primera magistrada propietaria de la Corte Suprema de Justicia; Sonia Picado, primera presidenta de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y Rosemarie Ruiz Bravo, la primera rectora de una universidad estatal en Latinoamérica.

No ha sido fácil lo que ellas han logrado. Ser la primera en algún campo representa una gran responsabilidad, un reto y una inmensa carga emocional. Hoy estoy en una situación similar: se me ha encomendado ser la primera mujer en ser diputada del Movimiento Libertario; se me ha encomendado ser la primera mujer que ocupa la jefatura de fracción de este partido y la primera en representar al continente americano en la organización política mundial Unión Internacional de Mujeres Liberales.

Esta oportunidad histórica que vivimos es, para esta servidora y para el resto de mujeres parlamentarias costarricenses, un norte para demostrar que nuestro aporte representa un cambio favorable para la convivencia entre los seres humanos y no una lucha de sexos.

Tenemos que trabajar en una agenda de desarrollo que promueva la empresariedad de las mujeres y la creación de oportunidades reales que eleve los niveles de vida de miles de jefas de hogar.

En esa línea, estoy convocando a mujeres de todo el país para que coincidamos en el “Primer Foro Políticas Públicas de Microcrédito con Perspectiva de Género”, el próximo 15 de marzo, en la Asamblea Legislativa. Esto debe llevarnos a una propuesta para incluir en la legislación una regulación que permita acceso al crédito, a la capacitación y a los emprendimientos colectivos.

Abanderadas del cambio. Siempre he mencionado que las mujeres somos las abanderadas del cambio, de la transformación social y de contribuir a que la democracia se fortalezca con justicia y equidad.

Quisiera mencionar que el gran reto de la mujer hoy es ser protagonista de primer orden en la transformación integral de nuestra sociedad. Somos las abanderadas del cambio; palabra que puede ser mágica y que al mismo tiempo su implementación puede traer consigo cierto nivel de dolor, pero al fin y al cabo, merece la pena.

Termino con un pensamiento que me parece resulta esencial para el trabajo que tenemos por delante: “El día que las mujeres seamos solidarias entre nosotras mismas, tendremos el respeto de los hombres”.

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