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Negocios sanguinarios Armando Mayorga amayorga@nacion.com Dos noticias no deben quedar en el papel en que fueron impresas: las de la matanza cruel de gallos y de tiburones. El domingo, el periódico Al Día contó cómo corre la sangre y el dinero en las “galleras” dizque clandestinas, y al día siguiente, La Nación divulgó un informe de la Contraloría General de la República que achaca al Incopesca tolerancia con la pesca irracional de tiburones. Estas denuncias deben trascender, deben llevarnos a exigir a las instituciones del Estado, y a los diputados, a actuar, ya, contra esa barbarie de la cual se lucran hombres y mujeres, tanto ticos como extranjeros. Lo ilógico es que hay leyes que estos sanguinarios burlan con la complacencia de autoridades. En el caso de las “galleras”, es inconcebible que el policía del pueblo desconozca dónde operan, porque, en un pueblo no hay secretos y la gran cantidad de gente que va a esas matanzas no se tapa con un dedo. Esto da para pensar que hay compadre hablado entre policías y dueños de “galleras”, porque lo que sí es notorio es que en estos “circos romanos” se mueve mucha plata. El periodista Erick Carvajal, de Al Día , contó que hay apuestas hasta de ¢100.000 por pelea y, en una jornada, se dan decenas de luchas. De ahí, que el primero en actuar debe ser el Ministerio de Seguridad, que desde hace varios años es mano floja con los “galleros” pues pocos operativos se le conocen contra estos negocios. De segundo, es necesario que los diputados se conmuevan y legislen, pues la ley vigente es muy laxa: por un lado, las peleas de gallos no son delito, y la Ley de Juegos de 1922 solo sanciona con ¢100 de multa o 60 días de prisión a quienes participen en “juegos prohibidos”, como de galleras. ¡Qué burla! Los diputados bien podrían aplacar este sangriento negocio con una reforma, pero, en sus pleitos de gallos (sobre todo los del PLN y el PAC), dejan que la sangre corra. El caso del Incopesca es más sencillo de enfrentar. Solo hace falta que el presidente Óscar Arias ordene a los responsables de ese Instituto el hacer cumplir la ley y, si se rehúsan, iniciar un proceso de intervención, porque ya es mucha la paciencia del Incopesca con las irregularidades de pescadores y narcopescadores, ante las que poco pasa. Para poner coto al salvajismo con gallos y tiburones, se trata, simplemente, de que diputados y Gobierno sean más sensibles y compasivos con los animales. ¿Es mucho pedirles?
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