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Enfoque Jorge Vargas Cullell jovargas@nacion.com Casi estoy seguro que no fue mi hermano quien le encajó “Pantera Rosa” a Pantera Rosa , el que nos cortaba el pelo en una barbería del centro de San José. Aunque usaba corbatín rosado hoy creo que ese nombre de guerra se debía a sus galones como habitué del Pantera Rosa Night Club de Plaza Víquez. Tenía cerros de revistas, algunos ejemplares viejos de Sol y Sombra , sillas para pelar de las de antes y contertulios que parecían parte del mobiliario. Al tanto de los últimos chismes, los comensales tornaban el sitio en un moledero de cuentos que luego uno repetía. Con ellos la honra ajena se perdía sin más trámite. Al calor de una durísima discusión entre Pantera Rosa y un viejillo escuché una afirmación cuya lógica aún hoy me intriga: “La prueba de que el hombre no llegó a la Luna (en 1969) es el terremoto de Managua (en 1971)”.
Hasta hace poco, barberías (y pulperías) ayudaban a la formación del clima de opinión pública. Eran espacios informales de deliberación más allá del control del Estado y de los medios de comunicación. En su lugar ha surgido un mundo electrónico mucho más vibrante y diverso donde se trafica información, opiniones, cuentos y rumores. Los celulares (con sus mensajes de texto) y, especialmente, Internet con susblogs , chats,emails , informativos y el www.youtube.com moldean una opinión pública capaz de reaccionar en tiempo real a los acontecimientos. En el 2003 el Gobierno español perdió una batalla crucial en la opinión pública cuando un masivo intercambio de mensajes por celular convenció a parte del electorado que había manipulado la tragedia de los atentados terroristas. En un día cualquiera me llegan boletines electrónicos sobre la realidad política, invitaciones a leer blogs , denuncias anónimas sobre fulano y mengano (y hasta sobre mí), así como discusiones acerca de los más diversos temas. Es un mundo donde priva la absoluta libertad de expresión y por ende campea el error y la hipérbole; no existe elfoul ni la responsabilidad: soy yo el que debe filtrar y no un censor que exige la verdad en cada comunicación. Confieso que me cuesta separar la paja del grano pero ello me obliga a estar atento. En nuestro país, por ejemplo, buena parte de la batalla de opinión pública sobre el TLC se libra hoy calladamente en Internet, más ágilmente que en la propia TV. Lo que pasa es que Internet está confinada a los grupos medios y altos. Este mundo de opinión pública, con todo y sus exageraciones, debiera estar abierto a cualquiera, como las barberías y pulperías. Asegurar el acceso universal a Internet es construir ciudadanía, una tarea democrática que Pantera Rosa sin saber hacía.
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