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Bush recorre América Latina tras años de relegamiento


DPA

Argentina (DPA). Después de relegar a América Latina en su agenda de política exterior durante gran parte de su gestión, el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, iniciará el próximo jueves su gira más importante a esta región para intentar recomponer los lazos.

Tras fracasar el μrea de Libre Comercio de las Américas (ALCA) impulsada por Bush en la frustrada Cumbre de las Américas de noviembre de 2005 en el balneario argentino de Mar del Plata, el mandatario quiso esta vez asegurarse una buena recepción, más allá de las ya anunciadas protestas de agrupaciones antiestadounidenses.

Y eligió visitar hasta el 14 de marzo Brasil, Uruguay, Colombia, Guatemala y México, países de buena relación con Washington.

Bush llega decidido a mostrar un mayor compromiso y reactivar la presencia de Estados Unidos en la región.

Dejado de lado ya el ambicioso proyecto de una unión hemisférica liderada por Washington, Bush opta ahora por ir logrando conquistas individuales o por grupos de países mediante acuerdos bilaterales, que generan en algunos casos malestares internos en la región.

También propone cooperación en temas puntuales, como con Brasil en el área de los biocombustibles, mientras crece la preocupación por la influencia de Venezuela en el mercado energético y las nacionalizaciones de compañías petroleras en ese país y otros de la región.

Los acuerdos comerciales con Perú, Colombia y Panamá están pendientes de ratificación parlamentaria. Mientras tanto, suscribió en enero con Uruguay un Acuerdo Marco sobre Comercio e Inversiones (TIFA, por sus siglas en inglés) para facilitar las relaciones económicas bilaterales.

ste podría ser un primer paso hacia un tratado de libre comercio con Montevideo, que aunque representa una de las economías más pequeñas de Sudamérica, provocaría un conflicto en el seno del Mercosur, bloque integrado también por Argentina, Brasil, Paraguay y Venezuela.

Pero el próximo 1 de julio vence el poder de Bush para negociar acuerdos por la vía rápida, por lo que los analistas dudan de que en su visita a países latinoamericanos se logren avances concretos, más allá de un afianzamiento de las relaciones, un paso de por sí vital para Bush en el tramo final de su mandato.

El presidente norteamericano intentará "conectarse otra vez con los líderes y los pueblos de la región para escuchar las preocupaciones que tienen y buscar una manera de mostrar que la relación entre Estados Unidos y la región es una relación positiva", anticipó el jefe de la diplomacia de Estados Unidos para América Latina, Thomas Shannon.

Shannon negó sin embargo que la administración Bush haya prestado poca atención a América Latina y aseguró que fue la región a la que mayores fondos destinó en las últimas décadas; una región de la que proviene además el cada vez más influyente electorado hispano de Estados Unidos.

Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la política exterior estadounidense se centró más que nunca en Afganistán, Irak, Cercano Oriente y en los controvertidos programas nucleares de Irán y Corea del Norte.

En este tiempo, varios países de América Latina experimentaron cambios profundos. El fracaso de los lineamientos del Consenso de Washington implementados en algunas naciones, sucesivas crisis políticas, el giro a la izquierda en otros países y la creciente influencia del presidente venezolano, Hugo Chávez, cambiaron el escenario político de la región y su relación con Estados Unidos.

La ofensiva diplomática de Bush busca frenar la expansión de la influencia de Chávez y, en ese marco, prioriza su visita a Brasil. El presidente de esta potencia sudamericana, Luiz Inacio Lula da Silva, también aspira a reposicionar su liderazgo en el Mercosur -menguado por el avasallente ingreso de Venezuela al bloque- y en toda la región.

El legislador republicano Dan Burton alertó de "una confrontación" en la región en un futuro no muy lejano, a la vez que alertó que Chávez "usa la pobreza de la región a su favor al destinar grandes cantidades de petrodólares para conducir gobiernos populares hacia la izquierda".

Durante la frustrada Cumbre de las Américas de Mar del Plata, Bush se vio opacado por la Cumbre de los Pueblos paralela y liderada por Chávez.

Esta vez, Bush decidió no regresar a la Argentina. Pero mientras esté dejando Brasil para visitar Uruguay, en la otra orilla del Río de la Plata el mandatario venezolano protagonizará un multitudinario acto en un estadio de fútbol en Buenos Aires ante unos 40.000 activistas desocupados "piqueteros", cercanos al presidente Néstor Kirchner, que costará unos 200.000 dólares, en gran parte aportados por Caracas, según la prensa porteña.

En su breve paso por Colombia, su principal aliado, Bush volverá a respaldar el multimillonario Plan Colombia para combatir el narcotráfico y la insurgencia armada, con un controvertido componente militar en el país fronterizo con Venezuela.

En México y Guatemala, el mandatario refrendará su compromiso a favor de una reforma migratoria que mejore la calidad de vida de millones de indocumentados.

Y aprovechará para fortalecer los vínculos con el nuevo presidente mexicano, Felipe Calderón, abierto antagonista de Chávez, a quien Bush considera -según la prensa brasileña- "más peligroso que Fidel Castro" porque "conquista con dinero lo que el cubano conquistaba con ideología".

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