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/ LA NACIÓN

Róger Bolaños


Manuel Formoso
Periodista

Conocí a Róger Bolaños Herrera, mi primo hermano, de toda la vida. Cuando pienso en él, su generosidad es lo primero que se me viene a la mente. Siempre vivió sirviendo a sus semejantes.

Otra de sus cualidades fue su valentía para enfrentar los retos que la vida le planteó. A los 18 años tuvo que hacerse cargo del laboratorio de Microbiología de su padre, muerto trágicamente, para sustentar a su madre y hermanos menores de edad.

Su talento como investigador lo llevó a crear el Instituto Clorito Picado –con otros colegas– para producir suero antiofídico y salvar muchas vidas, sobre todo de trabajadores del campo. Era tan terco que a los 75 años seguía yendo en motocicleta a su finca en Palmichal de Acosta. Socorrió económicamente a las familias más pobres del lugar. Vivió, como la inmensa mayoría de los profesionales en salud, sin hacerse exámenes médicos ni de ninguna clase. Su independencia, a la larga, le salió cara. Un primer infarto en su finca lo dejó muy dañado. Un segundo, pocos días después, le costó la vida. Pero, al menos, vivió libre y valientemente. Hasta pronto, querido Róger.

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