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/LA NACIÓN

Lo que el sindicato se llevó

El sindicalismo sumió a la zona sur en la pobreza

Aura Camacho Dinarte
auracamacho46@hotmail.com


Ahora que se está hablando de TLC y lo que quiere hacer el sindicato, deseo contar una historia para que cada quien juzgue lo que significa seguir a un sindicato.

En la década de 1970, mi papá era empleado de la Compañía Bananera en la zona sur. Trabajaba como palero, específicamente en el valle de Coto, vivíamos en la finca 58. En esos tiempos, recuerdo yo, esta empresa daba trabajo a mucha gente. Donde yo vivía, la compañía regalaba a sus empleados el servicio de agua potable, luz eléctrica, lugar donde vivir y obligaba a mis padres a que tuviéramos una vida mejor. Imagínense, hasta recortaban el zacate de la casa donde habitábamos y había un señor que recogía la basura.

En mis tiempos, cuando llegué a la escuela, hice mi primer grado con el mejor maestro, el señor Miguel Carvajal. La Compañía Bananera nos tenía una escuela, que para mí era lo máximo; nos daban una pastilla de bacalao, creo que por día, y leche que era traída de Estados Unidos. También había una cocinera, que hacía comida para los niños de la escuela donde yo estaba. La compañía pagaba los útiles escolares de todos los niños de los empleados que laboraban en esa finca.

Había un club donde se reunían por las tardes los empleados después del trabajo, una plaza, etc. Todo para mí era bello. También lo era, ahora comprendo yo, para los miles y miles de empleados de esta empresa, ya que les daba estas comodidades al empleado y a su familia, para que no tuvieran que viajar.

Compañía asfixiada. Pero vino la nube oscura; apareció el sindicato y empezó a reclutar trabajadores para que defendieran sus derechos; todos eran gente humilde, que en ese momento creían que era lo mejor para ellos y, guiados por el sindicato, apoyaron todo lo que el sindicato les decía; lógicamente, la compañía no soportó tantas reglas impuestas por ellos y, asfixiada por el sindicato, abandonó la zona sur.

Al hacer abandono la Compañía Bananera de la zona sur, quedaron sin trabajo miles y miles de costarricenses humildes, los que en su mayoría emigraron a la capital. Pero, ojo, el sindicato les ayudó mientras les estaban descontando el porcentaje del salario, cuando ya todo se murió y no quedó nada, el sindicato no apareció para ayudarles a conseguir otro trabajo ni hizo nada por ellos.

Después de esto, mi papá se quedó sin trabajo, nos vinimos para San José. Gracias a Dios que mis padres habían comprado una casa y tuvimos donde llegar, pero aquí comenzó el problema: son personas humildes y la familia se dividió Nosotros nos quedamos en San José y mi papá se fue a trabajar a la bananera en Limón.

Después me enteré de que en esa empresa tenían una especie de colador: el que era miembro del sindicato no podía entrar; así que, todos los que se asociaron al sindicato no pudieron conseguir trabajo en esa bananera.

Abandono total. El sindicalismo en estos lugares esta prohibido, lo que funciona es algo muy distinto como el solidarismo. Yo viví en carne propia el que una empresa tan grande y que daba trabajo a miles y miles de costarricenses fuera destruida por el sindicato. Y que al sindicato no le importara que sus asociados se quedaran sin trabajo.

Ahora, después de casi 30 años, volví al lugar donde yo viví y que recuerdo con mucho cariño. Al pasar por las fincas donde yo iba al colegio, no queda nada, ni los rieles donde pasaba el tren ni las casas o “cuadrantes” donde yo viví. No queda nada. El club es un lugar abandonado y las pocas casas que ahí quedaron, están en abandono, algunas casi cubiertas por el zacate. La empacadora de banano donde trabajaban los empleados ya no existe; es un pueblo fantasma. Esto fue lo que dejó el sindicato a miles y miles de empleados. Juzgue usted.

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