Búsqueda
Avanzada
Lunes 05 de marzo, 2007
San José, Costa Rica.

  Servicios | Archivo | Escríbanos | Fax gratis | Nacion.com en PDA, celular, e-mail,  

Noticias
Nacionales
Sucesos
Deportes
Internacionales
Economía
Aldea Global
Week in Review
Copa Nacional Ciclismo Montaña AM-PM
Campeonato 2006-2007

Editoriales y Opinión
Opinión
Cartas
Xpresiones
Chats
Foros
Obituario

Ocio y Cultura
En detalle
Viva (Entretenimiento)
Áncora (Cultura)
Tiempo Libre
Teleguía
Proa (revista dominical)
La Nación en Imágenes
Cinemanía
Tarjeticas
Horóscopo
Crucigrama
Calendario 2007

Especiales Noticiosos
Nueva ley de Migración
Texto preliminar del TLC Costa Rica-EE.UU. y noticias publicadas
Conferencia mundial sobre sida 2006
Mundial 2006
Elecciones 2006
Especial Escogiendo Escuela
Listado Completo

Educación y Ciencia
Zurquí (Niños)
Raíces (Geneología)
Tribuna del Idioma

  Documentos
Leyes
Informes

Especiales
Especial de salud: Bienestar integral
Festival Imperial
Inventario completo

Quiénes somos
Teléfonos, fax y direcciones de La Nación
Preguntas frecuentes nacion.com
Ver edición más actual de nacion.com
Equipo de nacion.com
Emails de Redacción
Trabaje en Grupo Nación

Noticias Opinión:

EDITORIAL

Turbulencia financiera

El punto en discusión es si las repercusiones en las bolsas europeas y de EE. UU. serán permanentes
Es de vital importancia mantener buenas políticas fiscales y monetarias


La semana pasada observamos con preocupación cómo las bolsas de valores de los principales países del mundo se tambaleaban ante los eventos desencadenados en la China. Al principio de la semana, cayeron fuertemente las cotizaciones de las acciones en casi todas las bolsas de valores. En Nueva York, los principales índices –Nasdac, Standards & Poors– perdieron hasta un 5%. Posteriormente se recuperaron un poco, pero todavía el viernes pasado se aceleraban las ventas y se observaron caídas en las cotizaciones de muchas acciones, con una tendencia de parte de los inversionistas a refugiarse en títulos poco riesgosos, como los bonos del Tesoro de los EE. UU. ¿Habremos visto ya el final de la turbulencia? ¿Qué repercusiones tendrá –o podría tener– para la economía mundial y, en particular, para un país pequeño como Costa Rica? ¿Qué lecciones podríamos (tentativamente) hacer derivar de lo ocurrido esta movida semana?

El epicentro del temblor financiero se dio en la China Popular, particularmente en Shangai, uno de los centros capitalistas más grandes, líquidos y pujantes del Asia. Allí, se cotizaban acciones de empresas locales y extranjeras a precios que excedían muchas veces sus utilidades (hasta 50 veces su rentabilidad anual, en algunos casos), creándose una burbuja bursátil como las que se originaron y estallaron en muchas bolsas de occidente. Además, era un mercado muy libre –libérrimo, si se quiere–, caracterizado por pocas regulaciones oficiales, lo que permitió transacciones de dudosa legalidad. La liquidez en China, además, es elevada gracias al volumen creciente de exportaciones estimulado por un tipo de cambio subvaluado, si se mide por el superávit de la balanza de pagos.

El detonante se dio cuando el Gobierno chino decidió regular las bolsas más rigurosamente y, a la vez, declaró estar dispuesto a adoptar medidas restrictivas para enfriar la economía, que se hallaba recalentada. Se difundieron rumores de que la moneda local –el renminbi– se revaluaría y se adoptarían otras medidas fiscales en la misma dirección. Los inversionistas reaccionaron, incrementaron sus ventas de títulos y acciones, y las cotizaciones cayeron estrepitosamente (9%). Era muy claro que las acciones cotizadas en Shangai estaban sobrevaluadas y, si se enfriaba el mercado y se incrementaban los impuestos, caerían las utilidades, y la sobrevaluación sería mayor. Pero era un fenómeno esencialmente local. Sin embargo, el efecto contagio no se hizo esperar. Al día siguiente, les tocó el turno a las bolsas europeas, americanas y latinoamericanas, que cayeron, también, notoriamente.

¿Era inevitable el contagio? Aunque teóricamente pueda defenderse la separación de causas y los respectivos efectos en los distintos países, en la práctica los contagios se dan. El punto en discusión es si las repercusiones en las bolsas europeas y americanas serán permanentes –con grave impacto en el crecimiento en los países desarrollados y las exportaciones de los países en desarrollo– o si, por el contrario, se asimilarán eventualmente y todo volverá a la normalidad. A ello se suma el temor de una recesión en los EE. UU., tema que ha estado en el tapete sobre todo después de que el anterior director de la Reserva Federal, Allan Greenspan, advirtió la posibilidad del inicio de la fase contractiva del ciclo económico, que ya lleva siete años de expansión. Pero el actual presidente de la Reserva Federal, Ben Bernankee, se apresuró a declarar que la economía norteamericana se encontraba en una buena situación, el déficit fiscal se había reducido, el precio del petróleo se había moderado y el dólar se había depreciado en términos reales frente a otras monedas, por lo que el déficit comercial tendería a reducirse.

Por otra parte, se ha hecho notar que la confianza de los consumidores ha golpeado índices elevados, el índice de producción industrial en febrero alcanzó niveles aceptables (subió de 49 en enero a 51 en febrero), las tasas de interés han permanecido bajas y estables (aspecto positivo para la inversión) y la inflación se encuentra controlada. Además, el ingreso real de los trabajadores se ha incrementado en un 2%, por lo que no es de esperar una reducción abrupta en sus gastos e inversiones. Por su parte, el director-gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Rodrigo de Rato, aseveró que la economía mundial seguiría su elevado ritmo de expansión y que lo experimentado en la China significaba un ajuste necesario de los precios de esas acciones sobrevaluadas, pero no necesariamente repercutiría en la actividad económica mundial. Y, aunque advirtió de los riesgos del desbalance en el comercio mundial, aún latente, de momento no espera un cambio en la dirección del comercio internacional. Eso es reconfortante.

Los analistas esperan que la turbulencia financiera se mantenga por varios días en los mercados internacionales. Tampoco descartan que el sentimiento de los inversionistas de países desarrollados hacia las inversiones en países en desarrollo se pueda ver afectado, pues la prima de inversión se ha reducido significativamente en los últimos meses. Y de ahí se deriva una importante lección, de especial relevancia en Costa Rica. Los países pequeños, como el nuestro, dependientes de entradas de capital para financiar sus déficits de balanza de pagos, deberán estar siempre muy alerta para contrarrestar cualquier cambio brusco en el sentimiento de los inversionistas que pueda ocasionar una merma de capitales y una crisis externa. Por eso, es de vital importancia mantener buenas políticas monetarias y fiscales para asegurar un adecuado equilibrio macroeconómico para disuadir el contagio de crisis ajenas en nuestra economía. Y, en ese sentido, todavía nos queda mucho por hacer.

Sala de Redacción
Latinoamérica Ya
Mundo Ya
Deportes Ya
Gente Ya
Nuevas Tecnologías


Especiales
Especial de salud: Bienestar integral
Festival Imperial
Inventario completo


Suplemento inmobiliario M
Suplemento Caja de Cambios
Suplemento Autos 2007
Tarifario Grupo Nación
Suplemento comercial Mano a mano
Anúnciese en nacion.com
Suscríbase a La Nación
El Empleo.com
Economicos.com


Obituario
Diario Oficial La Gaceta