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Educadores se quejan por lejanía de lugar de trabajo Carlos Hernández y Ronny Soto Corresponsales San Carlos y Golfito. Magaly Contreras, de 46 años, trabaja desde hace seis años en la escuela unidocente de Jocote de Pocosol, San Carlos, que se ubica a seis kilómetros de la línea divisoria con Nicaragua. Impartir lecciones en ese sitio le genera muchas dificultades, pues ella es oriunda de Carrillo de Guanacaste. Su vivienda se ubica a unos 335 kilómetros de su lugar de trabajo. En Guanacaste viven su esposo y cuatro hijos con edades entre los 16 y 29 años, a quienes solo puede ver los sábados debido a la lejanía. “Los viernes salgo de aquí a las 11 a. m. y llego a mi casa a las 10 p. m. Para regresar, salgo los domingos a las 6 a. m. y llego aquí a las 6 p. m., siempre que el bus pueda llegar a Jocote, porque cuando llueve tengo que ingresar a caballo”, narró. Esta maestra ha intentado obtener una plaza en un centro educativo más cercano a su vivienda, pero aún no la consigue. “Ni siquiera tengo tiempo para comprarme ropa, los sábados atiendo las tareas hogareñas. “En este país, por la injerencia política, dan puestos a quienes ni siquiera califican. Yo tengo una licenciatura”, indicó Contreras. Jocote de Pocosol es una comunidad que carece de agua potable y electricidad. Otro caso es el de Seidy Vallejos, quien labora en la escuela de Llano Verde de Pocosol; ella es oriunda de Santa Cruz, Guanacaste. “No tengo vida en familia y me preocupa no darle a mis hijos la atención que necesitan en la etapa de la adolescencia, no podemos salir ni a pasear”, acotó Vallejos, madre de dos hijos de 13 y 14 años. Vallejos también ha solicitado una plaza en un centro educativo guanacasteco, pero sus peticiones no le han dado frutos.
A nueve horas. Paúl Solís Badilla, de 29 años, es profesor de Estudios Sociales en el colegio nocturno de Golfito desde el 2005. Él es vecino de Barranca, Puntarenas. “Tardo nueve horas en viajar entre mi casa y el trabajo. En dos años he visto solo dos veces a mi mamá que está en Barranca. “Pedí el traslado al Ministerio de Educación Pública (MEP) pero ni siquiera me respondieron. Mi meta es regresar a Puntarenas para estar más cerca de mi familia”, aseveró Solís. En Golfito, Solís vive con su esposa en el barrio La Purruja. “Me adapté bien al lugar pero mi esposa hasta el momento no se acostumbra pues le hacen falta sus familiares”, resaltó Solís. En los centros educativos del Valle Central también hay docentes de zonas alejadas. Por ejemplo, en la escuela de Los Lagos de Heredia imparte clases de Música Marilyn Ramírez, quien es vecina de Alajuela. “Salgo de mi casa como a las 5:30 a. m. y es muy incómodo viajar. Tengo tres años de estar así”, aseguró Ramírez. Colaboró el corresponsal Francisco Angulo
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