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Ser o no ser Tenemos condiciones para seguir el camino de Irlanda o el de EstoniaArturo Acosta Mora Presidente del Partido Unión Nacional Una de las obras más enigmáticas de Shakespeare dice: “¡Ser o no ser, he ahí el dilema!”; es precisamente lo que está aconteciendo referente al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Si somos o no somos –es decir, si ratificamos o no el TLC– requiere una profunda reflexión referente a qué perdemos y qué ganamos, algo que por desgracia supera este espacio. Experiencia internacional. Hemos visto que naciones con peores condiciones que Costa Rica han tomado la apertura comercial y la libertad de empresa como motores sociales y han logrado éxitos infinitos. Aquí tenemos el caso de Irlanda que, de ser irrelevante en el plano europeo y tener uno de los mayores índices de emigrantes, en tan solo 12 años dio un vuelco impresionante a su economía y sociedad, y hoy es uno de los centros económicos más importantes de Europa. Claro está, tanto Gobierno como sindicatos y empresarios actuaron responsablemente y lograron un consenso nacional, por lo que ahora están disfrutando las mieles del progreso y el bienestar. Ni hablar de Polonia o Estonia, o los países de la ahora llamada “Europa Central” que –mientras Francia o Alemania discuten si otorgan más vacaciones de las cuatro semanas anuales o reducen las jornadas laborales de 30 a 25 horas a la semana– se preocupan por atraer inversión, crear empleos y recaudar impuestos sanos, logrando así el auge económico y, sobre todo, siendo protagonistas y ejemplo en el plano económico mundial. Sin ir más lejos, el caso chileno es otro ejemplo ya que, a pesar de que han gobernado tanto la izquierda como la derecha, su rumbo económico se ha mantenido intacto, y esa ha sido la clave: no improvisar cada periodo presidencial. ¿Qué ganamos? En esto el TLC es claro. Ganamos garantía de que nuestros productos van a entrar al mercado más grande del mundo sin ningún problema. Eso nos da confianza para seguir reformando el país hacia una tierra de propietarios, donde la ingerencia del gobierno sea mínima. Ganamos acceso al crédito con entidades y montos a tasas internacionales, que son muchos menores que las que encontramos aquí. Ganamos confianza para seguir liderando la región centroamericana, tal y como lo hemos venido haciendo, porque la experiencia mundial nos dice que, en el siglo del conocimiento, no importa el tamaño del país, sino la calidad y la ambición que tengamos, como dicen Irlanda o Estonia. Lo que sí estoy seguro es de “no ser” un país como Venezuela o Bolivia, donde con bombos y platillos anuncian el cierre de empresas. Los movimientos mesiánicos siempre han sido un problema para las diferentes naciones; si no, que lo digan los cubanos, venezolanos y bolivianos que viven en el exilio y que tuvieron que marcharse de sus países años atrás. Confieso que hay días cuando pienso en “no ser”, pero la mayoría del tiempo estoy seguro de “ser”, ya que al final de cuentas mi miedo para “no ser” es solo uno: El miedo a ser mejor, a ser más competitivo, a dar la lucha y, si de algo estoy convencido, es que los costarricenses somos mejores y tenemos grandes atributos y cualidades; por eso hoy digo: “¡seamos!”.
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