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/ LA NACIÓN

Evaluación matemática

La Matemática debe enseñar a pensar en forma sistemática

Alejandro López Solórzano
Asesor de Matemáticas, MEP

La evaluación matemática debe ser no solo un proceso en el que se mida al estudiante, lo que ha aprendido y lo que no, sino que en él se deben determinar las razones que expliquen el cómo y el por qué aprendió.

Imagine la existencia de una calculadora que se programe con la siguiente instrucción: “Si al sumar dos números ambos son pares, divida el resultado de la suma entre dos; en otro caso, realice la suma normalmente.”

Al sumar 2 y 3 obtendríamos un 5, mientras que al sumar 2 y 4 obtendríamos un 3. Al repetir muchas veces el proceso, es posible concluir que algunas veces se obtiene el resultado correcto, mientras que en otras ocasiones el resultado parece absurdo. Una primera explicación simplona sería argumentar que la calculadora “está mal”, para luego proceder a lanzarla a la basura. Otra explicación más racional notaría que se presenta un patrón de respuesta con determinados números; luego de algunas pruebas se aclararía que el fenómeno responde no a un error en el funcionamiento interno de la máquina, sino a su programación: la máquina funciona correctamente, pero con otros algoritmos.

Patrones y razonamiento. La analogía es válida al aplicarla a la enseñanza de la Matemática; el papel de la evaluación matemática debería ser identificar esos patrones anómalos que se presentan durante la resolución de un problema matemático, pues responden a lo que el estudiante percibe como razonamiento correcto.

Se debe recordar que la mente humana no es del todo lógica. Cuando dormimos, el consciente queda relegado y es sustituido por el inconsciente, que tiene otra forma de razonamiento, en el que el absurdo es cosa común. Por ejemplo: alguien sueña que sale a caminar y en el camino se encuentra con una cuchara gigante muy conversadora, ambos se sientan en el parque a discutir sobre fútbol de primera división, mientras observan el hermoso lago de gelatina de fresa que se mece con el viento. En ningún momento existe un cuestionamiento de lo absurdo de la escena mental, la persona solo interacciona con lo que experimenta; cuando existe duda ante algún elemento del sueño, la persona despierta. No podemos obviar dichos elementos de la mente humana, están siempre presentes y no se restringen únicamente al sueño.

Generalización extrema. A veces el estudiante cae en la generalización extrema, aplica algoritmos particulares a todo aquello que se le parezca al problema que originó el algoritmo. No hay una selección racional de las estrategias de resolución de problemas. Generalmente se acude a la memorización de estrategias, en forma tan rígida que, ante un pequeño cambio en las condiciones generales, el estudiante no puede encontrar la respuesta.

La observación demuestra que durante la resolución de ejercicios geométricos, el estudiante recorre toda la figura, seleccionando por azar un fragmento de ella, intentando así aplicar alguna propiedad geométrica conocida, para que al agregar algún tipo de información novedosa al problema se genere la respuesta buscada. Sucede que, al enfrentar problemas algebraicos, se memorizan algoritmos y fórmulas que son útiles en determinadas circunstancias; pero, al entremezclar problemas que evalúan contenidos diversos, lo novedoso del problema crea un obstáculo en la mente del estudiante, pues no logra encontrar un problema semejante en su memoria.

La Matemática debe enseñar a pensar en forma sistemática, de acuerdo con reglas que impidan la existencia de contradicciones; debe enseñar a demostrar en forma racional lo que el estudiante percibe por sentido común. De donde la evaluación matemática, más que supervisión y control del aprendizaje de algoritmos y recetas algebraicas, debería generar análisis de estrategias que sean útiles, no solo en la resolución de una prueba sino de la vida misma, en procesos que no tengan relación directa con la matemática.

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