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Fortalecer la política social Cuadros de violencia social que expresan pérdida de oportunidad y de calidad de vidaYalena de la Cruz yalenadelacruz@yahoo.com Odontóloga Ya ha empezado a caer la noche en este San José que se ha vuelto tan frío en tantos sentidos. Vengo saliendo del CENAC, donde la magistrada Eugenia Zamora nos ha ilustrado con una disertación sobre Mahatma Gandhi –el que decía: “Realmente soy un soñador práctico; mis sueños no son bagatelas en el aire. Lo que yo quiero es convertir mis sueños en realidad”– y algunos aspectos de la historia patria, en el marco de la semana de la “no violencia”. Ando con zapatos bajos, y aun así me cuesta caminar en las aceras desniveladas y con huecos, con bolsas o restos de basura desperdigados, y con gente que está durmiendo ya bajo cartones. Algunos tramos están oscuros, producto del negocio de la venta ilícita de los cables eléctricos. Hay partes malolientes, porque no es esta una ciudad con servicios sanitarios para transeúntes, menos para aquellos que han tomado la acera como cama. Observo los negocios a oscuras, ocultos detrás de alambres de navaja y rejas; de pronto, un pito de carro llama mi atención: dos jovencitas salen de una esquina a “conversar” con el chofer; es evidente que se trata de prostitución de adultas jóvenes, muy jóvenes. Me da miedo quedarme observando el desenlace. Las iglesias están cerradas, han sido objeto de actos vandálicos y, con razón, también resguardan sus reliquias. ¡Cuánto urge la acción estatal eficaz ante los cuadros desoladores que se repiten a diario! ¡Esos cuadros crecientes de una violencia social expresada en la pérdida de oportunidades y calidad de vida!
Zona de paso… rápido. El rostro diurno de la ciudad no es más humano, por cierto. Persisten las personas tiradas en el suelo, unas por pobreza y otras por adicciones, aunque algunas también piden limosna. Pululan los menores que venden golosinas y lápices en los semáforos, y se hacen notar aquellos que han sido víctima de adicciones y mendigan deambulando. Los negocios están abiertos, pero siguen escondidos tras barrotes por la inseguridad y la constante amenaza de robos y asaltos. La ciudad se inunda de gente y de carros, pero no por ello se vuelve cálida y habitada... es más una zona de paso, deseablemente rápido. La zona de bulevares que ha empezado a construir la Municipalidad de San José es un espacio importante para volver a caminar, para que las personas nos apropiemos de la ciudad. Pero, para lograrlo, hace falta no solo el espacio físico; se requiere inversión en lo humano, en la atención de aquellos que hicieron de la calle y las aceras sus hogares, para ir desterrando la inseguridad y la violencia social que nos asfixia. El recién presentado Plan Nacional de Desarrollo (PND) es esperanzador en las metas que plantea, precisamente para fortalecer las políticas en el campo social, y según el cual “es necesario que las políticas públicas pongan a las personas concretas en el centro de sus preocupaciones; que inviertan en la construcción de capacidades humanas; que propicien el pleno uso de esas capacidades”. Ojalá así sea, y las instituciones ajusten sus metas y sus programas a su mandato legal pensando en las personas de carne y hueso, y nos dejen de contar que las cifras presupuestarias “cierran”, y, peor aún, que en lugar de resultados del impacto de su quehacer, nos den explicaciones de por qué no se cumplieron “3 talleres” o “7 reuniones”. Enfoque en las personas. Así, tras el reto de haber diseñado un Plan Nacional de Desarrollo centrado en las personas, Mideplan afronta el reto de desarrollar un instrumento de medición también centrado en las personas, que evalúe las tareas sustantivas institucionales no siempre reflejadas en los Planes Operativos y relegadas muchas veces a procesos de autocontrol y autoevaluación infrecuentes e ineficaces. Ojalá podamos dar el salto cualitativo que se plantea como eje del quehacer estatal en esos cuatro años, al final de los cuales podamos decir que se hicieron realidad los anhelos del presidente Arias, de “fortalecer las políticas sociales” y convertirlas “en un instrumento para la expansión de las oportunidades de todas las personas”, y de lograr que “las instituciones públicas recobren la capacidad de reflexionar sistemáticamente sobre el futuro del país, de definir orientaciones estratégicas para la gestión pública y de propiciar debates nacionales que vayan más allá de nuestra circunstancia inmediata”. El deterioro humano y la rampante violencia social exigen precisamente el impostergable deber de “hacer el sueño realidad”; de asumir el reto planteado por el Gobierno, y ser –en palabras del ministro Casas– “socios en el éxito y no cómplices en el fracaso del Gobierno” en la lucha contra la violencia, contra la pobreza, por las oportunidades y por el bienestar para todos.
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