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/LA NACIÓN

Psicología del consumidor

La cultura consumista, a veces, genera rasgos obsesivo-compulsivos en muchas personas

Jorge Alfaro Bolaños
Psicólogo

El consumidor obsesivo es, frecuentemente, un paciente reprimido, ansioso, insatisfecho y carente de las herramientas emocionales suficientes para afrontar la embestida de un medio cargado de publicidad consumista.

Su personalidad, en alianza seductora con los servicios fácilmente adquiribles, permite que las personas se vean envueltas en una trampa mortal para la economía familiar.

La psicología del consumidor indica que los productos y los servicios tienen cualidades intrínsecas y extrínsecas. Entre las primeras están calidad, sabor, utilidad y necesidad del producto o servicio.

Las extrínsecas son las manipulables en publicidad: color, tamaño, envase, precio. En servicios, serán la facilidad de la adquisición, la rapidez con que se presten, las relaciones comerciales cliente-usuario –que, sabemos, deben ser de calidad total; en fin, todo aquello que pudiera seducir al consumidor.

Lo que preocupa es que los consumidores generalmente toman en consideración las cualidades extrínsecas y no las intrínsecas; o sea, las personas consumimos más por la apariencia de los productos y no por su real necesidad y utilidad, o bien por la fácil adquisición del servicio.

Causa de ansiedad. Es aquí donde deseamos aportar el análisis psicológico de la cultura costarricense que apoya, fomenta y promueve estas actividades, que a la postre son causantes de ansiedades patológicas, productoras de enfermedades psicosomáticas, así como de neurosis compulsiva.

Un paciente ansioso, deprimido, con insomnio, migraña, con episodios de gastrocoleoenteritis, frecuentemente está asociado con una economía muy dañada; maneja sus finanzas de manera tal que, en vez de ayudar, lo ataca.

Igual, la violencia intrafamiliar está asociada en alguna medida a un manejo inadecuado de las finanzas familiares. Disgustos de pareja, golpes y hasta hechos de sangre se han encontrado en el historial de una familia cuyas finanzas la agobian y deprimen.

Parece que las preguntas que deberíamos hacernos son: De todo lo que consumimos, ¿cuanto de ello es indispensable? ¿Qué hace que los ciudadanos tomen la decisión de solicitar crédito en una organización para cubrir gastos innecesarios? ¿Por qué no utilizamos el crédito para producir ingresos, para fomentar la pequeña y la mediana industrias o para hacer planes de inversión?

Ya los teóricos de la psicología hablaban de esto y, a principios del siglo pasado, la teoría psicoanalítica enunció que el consumismo es un calmante para la neurosis.

Poder y seducción. Por ello, el conquistado sucumbe al conquistador hegemónico, quien desde la economía ejerce su poder y seducción, de manera que la víctima no tiene escapatoria alguna.

A posteriori, provee “soluciones” para salir del paso, aunque sea momentáneamente. A esto se llama “tarjeta de crédito” o “crédito fácil embarcador”.

Es tarea de todos, en equipos multidisciplinarios, trabajar en la reducción de esos síntomas adversos a la salud mental y formadores de consumo indiscriminado, patológico e innecesario.

Tenemos alternativas tan bondadosas como las cooperativas de ahorro y crédito. Solo necesitamos aclarar al consumismo, dilucidar la necesidad intrínseca, visualizar con claridad responsable los porqués, para qué, cuándo y dónde necesitamos más crédito o mayor inversión.

Al cumplir esta tarea, estaremos en puertas de utilizar estos recursos en favor nuestro, y no convertirlos en verdugos, fantasmas nocturnos y azuzadores de autoagresión y agresión intrafamiliar.

Una economía sana, responsable, permitirá al usuario, una vez que haya invertido adecuadamente y usado las líneas de crédito óptimamente, hacer en el futuro esas compras antojadizas e innecesarias, pero placenteras.

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