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Crimen en Mata Redonda Dos criminales asaltan juntos; son morenos, delgados, no muy altosMauricio A. Soto Rodríguez Eran las siete y resto del viernes 23 de febrero del 2007. Muchas personas se dirigían a sus trabajos, cuando el crimen ocurrió. Un conocido señor de la zona de Mata Redonda era seguido por dos jovenzuelos que, más tarde, le quitarían su bolso, “firmando” su obra con un balazo en la cabeza de la víctima. Este es un hecho harto repetido en esta y muchas otras zonas de la metrópoli. Amenazas armadas, asaltos y bajonazos forman parte de un triste paisaje urbano que nos viene para todos los gustos y en cualquier momento del día. Hace un par de meses, yo mismo sentí lo que es tener la sien en la mira de la pistola de pequeño calibre de un motociclista encubierto. Para fortuna mía (y desgracia de la verdadera víctima), yo solo era un entrometido que pasaba por ahí en el momento más inoportuno. Lo único que me pidió el magnánimo criminal fue que “pasara de una vez” y no mirara atrás. Pasé, pero claro que miré atrás, a la espera de una policía que nunca atendió mí llamado. A escasos metros del atentado del viernes, mí tío fue víctima de un bajonazo hace más de un año. Además de una contusión en un costado de la cabeza, solo hubo pérdidas materiales, para fortuna nuestra. Incentivo. ¿Cuáles han sido los elementos en común en estos tres asaltos? Los he vivido de cerca y siento la palabra impunidad retumbando fuerte en mí cabeza. Donde hay impunidad, habrá incentivo a delinquir. También es desastrosamente informal el modus operandi de la policía. Hoy, por ejemplo, a pesar de que sobraban testigos, los policías se limitaban a tímidas preguntas a aquellas personas que le hacían ademanes y gestos amigables para que se sintieran confiados de avecinarse y preguntar sin reservas. Por dicha, alguno que otro testigo iba y les contaba por su propia iniciativa toda la historia confiando en la buena memoria de unos policías que con miradas aburridas se abstenían del uso de notas o grabadoras. ¿A eso se le puede llamar labor de inteligencia? ¡Menuda labor! Prevención. Claro es que, a largo plazo, el país debe atender males más profundos que son caldo de cultivo para la delincuencia (entre otros, el consumismo desaforado y la desigualdad creciente), pero, en el corto plazo, la labor preventiva policial resulta vital para dificultar más el trabajo a los que ya están predispuestos al crimen. La importancia de esto es no dar pie a que el pueblo de Costa Rica, con justas razones, empiece a cobrar la justicia por sus propias manos. Nota : Los dos criminales de esa mañana asaltan siempre juntos en Mata Redonda y son morenos, delgados y no muy altos. mausot84@gmail.com
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