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Gol fuera de juego Lejos de perjudicar al futbol, una medida que le dará dimensión realJosé Luis Valverde Morales. Director de Comunicación, CCSS La Sala Segunda, el más alto tribunal de justicia en materia laboral, marcó la cancha a los equipos del futbol rentado del país, que insistían en querer meter goles, en posición prohibida, a la seguridad social costarricense. Desde hace años, y a sabiendas de que estaban fuera de juego, algún sector de la dirigencia deportiva, por un lado pagaba grandes sumas a los jugadores, y por el otro reportaba cifras ínfimas a la seguridad social; pero, ahora, los jueces le sacaron la tarjeta roja a esta práctica viciada. Esto, lejos de perjudicar al futbol, como predicen algunos agoreros, lo llevará a su dimensión real. Cualquier persona sabe que toda relación obrero-patronal lleva implícita una serie de derechos y deberes, y el caso de los trabajadores que derivan sus ingresos de la práctica del futbol profesional no es la excepción. Si un jugador gana millones, no es asunto de las instituciones ni de los aficionados: es una cuestión que se dirime en el ámbito contractual; y, aquí, la mala de la película no es la Caja Costarricense de Seguro Social. Conocidos. Las paladas sobre la tumba del futbol profesional, anunciada por algunos dirigentes, no provienen ni por asomo de las entidades públicas, ajenas a lo que acontece puertas adentro a la hora de arreglos entre patrono y trabajador. Los sepultureros serían de sobra conocidos por quienes siguen de cerca el acontecer balompédico del país. Algunos claman para que este desaguisado sea enmendado por los políticos y, con el desprestigio que cargan muchos actores de la vida pública, uno pensaría que difícilmente aparezcan cirineos para alzar una cruz, que a fin de cuentas recaería sobre el erario; en otras palabras, sobre el lomo suyo y mío, nos guste o no lo que hagan los trabajadores de pantalón corto. El alto Tribunal dictó sentencia, y, en un régimen de derecho, eso se respeta y se acata. El fallo no admite dudas: tan trabajador es quien patea una bola por un sueldo como quien se dobla en el surco o en una fábrica. La cancha está marcada, la bola está en el centro; el que quiera que siga la mejenga, que acepte las reglas del juego. En adelante, no valen las faltas contra la seguridad social, que recauda además para otros entes, y menos se permiten dirigentes en posición prohibida porque sus goles serán anulados, y sus faltas, sancionadas.
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