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El Parque de Batman En Alajuela van a terminar honrando más a los juanes que queman motaFernando Durán Ayanegui Tras la victoria del comandante Ortega en la elección presidencial de Nicaragua, se reanimó dentro del Partido Autonomista Manudo (PAM) el hasta entonces larvado movimiento en pro del retorno del líder alajuelense, Camote, a la presidencia de la República insular de Noteapa. Entre las razones que esgrimen los seguidores del exgobernante noteapés para proponer su retorno figuran la experiencia y la buena imagen de su líder, así como la difícil situación en la que se encuentra la población noteapesa después de que aquella nación del Pacífico fue asolada por un tsunami del que muy poco informó la prensa tica, situación que, según los entendidos, nadie podría abordar con más sabiduría y experiencia que el ya longevo dirigente manudo. Sin embargo, la verdad es que sus partidarios más entusiastas son los trescientos alajuelenses que Camote desplazó hacia Noteapa hace más de veinte años para que integraran la manudocracia que le ayudó a gobernar con mano de hierro, y hoy están ansiosos por volver a servirle voluptuosamente a un pueblo que ya ni su platillo tradicional puede pagarse: el fruto, asado, del árbol llamado noteapa ( Supragea noteapensis ). Para proceder al lanzamiento de la consigna “volvamos al noteapa asado”, la Asamblea General del PAM se reunió en la biblioteca pública de Alajuela, que, como se sabe, fue erigida tan lejos de donde la gente pasa que, cuando entra un lector o una lectora, los libros se tiran a bailar en los pasillos con la esperanza de llamar la atención y lograr así que por fin les ventilen las páginas. La asistencia fue muy buena, pese a que por la naturaleza del local se prohibió la repartición de refrescos y bocadillos y, gracias a una elocuente intervención inicial de Güilibrán González, el asunto principal de la agenda fue resuelto rápidamente, por lo que quedó algo de tiempo para pasar al punto de varios.
Pésima decisión. Fue entonces cuando la señora Bienvenida Piedra, vecina de Ciruelas, antigua partidaria de Camote y hoy más conocida por el apodo de doña Crack, propuso que el PAM emitiera una declaración de protesta por la barbaridad que las autoridades municipales están haciendo con los parques Juan Santamaría y Calián Vargas. Comenzó diciendo que conoce muy bien a la nueva alcaldesa, doña Joyce, y espera que ella deshaga el bad choice en que incurrieron sus predecesores en la Alcaldía de transformar ambos parques en una única explanada desierta, desprovista de árboles, llena de hierro pintado y designada con el nombre de Parque o Plaza de los Héroes. “En primer lugar”, argumentó doña Bienvenida, “eso de quitarle el nombre de Juan Santamaría al parque que siempre se llamó así parece más bien un truco de politiquillos avergonzados porque nuestros abuelos les ganaron aquella guerra a los gringos y quieren que olvidemos a nuestro héroe verdadero. Además, va a resultar que nuestros carajillos acabarán, no solo consumiendo crack y cocalai (sonoras carcajadas en la sala), sino endiosando a Batman, Supermán, Rayo Macuín, Chapulín Colorado, Barney y ese montón de horribles muñecos japoneses que son los héroes de la juventud de ahora”. Quebradiza razón. “¡Estoy de acuerdo con doña Crack!”, exclamó entusiasmado el abogado Clemente Meza, más conocido como Banquete, único cartaginés miembro del PAM, quien, además de ser muy serio, siempre anda montado en la carreta, “porque además de eso resulta que la principal razón que dieron para hacer esa barbaridad antipatriótica y antiestética se basa en la necesidad de tener un sitio amplio hacia donde dirigir los desfiles del once de abril. Ni que esos paseos de adolescentes vacilones que marchan al son de charangas, mascando chicle y contoneándose como travestís en Barrio Amón, fueran más espectaculares y masi-vos que las ceremonias nazis de Nuremberg”. “Por otra parte”, intervino Olman Rivera, alias Old Man River, alias Mississipi, alias Show Boat, “nadie nos ha dicho por qué quieren borrar de la memoria alajuelense el nombre de Calián Vargas. Apuesto a que si se llamara Timothy Bowler o algo por el estilo ni a palos se les ocurriría sacarlo del santoral cívico”. Así siguió el debate hasta poco antes de que cerraran la biblioteca, pero finalmente se decidió, por unanimidad, enviar a la Alcaldía un memorial de protesta. Alguien vaticinó, después de la votación, que “a como van las cosas, Alajuela acabará honrando más a los juanes que queman mota que al Juan que quemó el Mesón”.
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