 El español José Emilio Suárez Trashorras
(AFP/Pool)
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MADRID (AFP) -
Tras las protestas de inocencia poco convincentes de los 29 acusados de la peor matanza terrorista cometida en España, el mega-juicio de los atentados islamistas del 11 de marzo del 2004 (con 191 muertos) entrará en su segunda fase, con declaraciones de 600 testigos y un centenar de expertos.
El tribunal que juzga desde el 15 de febrero a los presuntos autores y cómplices de esos ataques reivindicados en nombre de Al-Qaida interrogaba el jueves a un último grupo de españoles, acusados de haber intercambiado hachisch por dinamita, que fue utilizada luego por la célula islamista contra los trenes de suburbios madrileños.
Desde el lunes, cuando se retomaron las audiencias, unos 600 testigos, de los cuales una cincuentena de policías, y un centenar de expertos, comenzarán a desfilar por el estrado, hasta el final del proceso en julio.
Será entonces cuando el juicio inicie su deliberación para dar a conocer un veredicto en octubre.
Los acusados no tendrán la ocasión de manifestarse, salvo mediante un último turno de palabra que les será acordado al final del proceso.
En los nueves meses de audiencia, pesos pesados y segundones negaron en bloque, como durante la instrucción del caso, a pesar de pruebas materiales reunidas contra ellos.
Siete acusados importantes --tres cerebros, tres que colocaron presuntamente las bombas y el principal proveedor español de explosivos-- podrían recibir penas récord acumuladas de 270.600 años de prisión, limitada 40 años como máximo en la práctica.
Los "cerebros" rechazaron con fuerza cualquier tipo de papel en la preparación de los atentados y su pertenencia a Al-Qaida o a cualquier grupo radical. Pero la documentación de la instrucción es testaruda.
Rabei Usmane Sayed Ahmed, "Mohamed el egipcio", debió admitir que frecuentó a los principales autores de los atentados cuando vivía en Madrid.
Negó haberse enorgullecido de que "toda la idea de la operación de Madrid" le pertenecía, una frase captada por los servicios secretos italianos en su departamento de Milan. Y su único argumento fue débil: "no es mi voz..."
Algo de lo mismo le sucedió al marroquí Yussef Belhadj, que había abandonado Madrid justo después de los atentados y negó ser "Abu Dujanah el afgano", portavoz de Al-Qaida en Europa, que aparecía en un vídeo reivindicando los atentados.
En cuanto a quienes presuntamente colocaron las bombas, dos, el marroquí Abdelmajid Buchar y el sirio Basel Ghalyun, no pudieron explicar la presencia de su ADN en el departamento de Leganés donde siete presuntos autores de los atentados rodeados por la policía se suicidaron con explosivos el 3 de abril del 2004.
El tercero, el marroquí Jamal Zugam, puso en duda la fiabilidad de cuatro pasajeros que lo reconocieron en los trenes.
Los segundones, pequeños delincuentes marroquíes de Madrid más o menos implicados en la preparación de los atentados, o los traficantes de droga españoles que le habrían suministrado los explosivos, se esforzaron por minimizar su papel, a pesar de los lazos comprobados con principales protagonistas del caso.
El marroquí Rafa Zuhier y el español José Emilio Suarez Trashorras, que habrían hecho entrega de los explosivos, dijeron haber frecuentado a la Guardia Civil y la policía, de quienes eran confidentes.
Desgraciadamente para ellos, ninguno de esos servicios confirmó sus versiones.
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