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Mensaje desde Europa El TLC con la Unión Europea incluye la apertura de las telecomunicaciones y los segurosEl aislamiento a que algunos quieren llevarnos tendría funestos resultados Tomás Abadía, el delegado de la Unión Europea (UE) para Centroamérica y Panamá, ha formulado una declaración que debería conducir a que nuestras “avestruces” políticas, gremiales y académicas, saquen su cabeza de la tierra, la eleven y la despejen para observar claramente la realidad de los acuerdos comerciales y, más aún, del mundo contemporáneo. Al explicar, el miércoles, algunos aspectos del proceso de negociación para un tratado de libre comercio (TLC) entre la UE y los países centroamericanos, el diplomático manifestó que el propósito de los europeos es lograr un acuerdo de asociación “ambicioso”, en el que se contemple la liberalización tanto de bienes como de servicios. Y sobre los de telecomunicaciones y seguros, que hasta ahora han sido un monopolio en nuestro país, dijo textualmente: “La idea es negociar que haya un mejor acceso al derecho de establecimiento y prestación de servicios”. Es decir, que exista la competencia, lo cual implica la ruptura del control absoluto que, hasta ahora, han tenido el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y el Instituto Nacional de Seguros (INS). Y, para que no existiera ninguna duda, Abadía afirmó que esos planteamientos son “normales” en los acuerdos comerciales, y la UE los presenta a todos sus socios. Es decir, por boca del alto representante europeo hemos vuelto a conocer lo que ya la mayoría sabíamos muy bien, pero algunos aún se empeñan en ignorar: que no existe ningún designio perverso en el TLC con Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana, en torno a la apertura de las telecomunicaciones y los seguros. Se trata, simple y llanamente, de un procedimiento estándar en el mundo, respecto al cual, y por desgracia, nuestro país arrastra un gran rezago, porque todavía no hemos sido capaces de abrir el mercado en ambos sectores, para que otras empresas puedan competir con el ICE y el INS. Si lo hiciéramos, no solamente reciprocaríamos las ventajas que obtendremos en mercados externos, sino que, más importante todavía, podríamos ofrecer a nuestros consumidores verdaderas opciones para seleccionar a sus proveedores de telecomunicaciones y de seguros. La ruptura de los monopolios es una necesidad en sí misma. Solo con mayor oferta de esos servicios podremos mantener el ritmo de crecimiento y actualización en ámbitos tan claves para el desarrollo del país. Tal como está planteada nuestra apertura, no implica, como algunos afirman con evidente y deliberada falsedad, privatizar las empresas estatales. Al contrario, conduciría a crear un adecuado marco de competencia, en el que tanto el ICE como el INS, fortalecidos y con mayor agilidad para funcionar, sean proveedores principales en mercados que estarán regulados para evitar manipulaciones de precios y juegos “sucios” de los nuevos participantes. La regulación, además, garantizará el acceso universal a las telecomunicaciones, algo que, por cierto, el ICE cada vez puede cumplir menos, sobre todo en telefonía celular y acceso a banda ancha de Internet, donde existe un peligroso rezago. Si a lo anterior se añade que la única forma de no quedarnos al margen de los TLC más importantes, y de no ceder terreno en ellos a Centroamérica, es, precisamente, abriendo esos monopolios, las razones son de sobra poderosas para que demos el paso. Seguir pretendiendo, como aún algunos dirigentes superados lo hacen, que debemos quedarnos aislados en una burbuja, es corrernos el riesgo de que pronto esta reviente y nos haga caer hacia el crudo terreno de las realidades, envueltos en una seria crisis económica. En cambio, decidirnos a actuar, mediante el marco contenido en los proyectos de ley de apertura, regulación de los mercados y fortalecimiento del ICE y el INS, es el camino verdaderamente correcto. Nos tememos que, como su cerrazón mental es un problema psicoideológico, las “avestruces” mantendrán sus cabezas enterradas, a pesar de las declaraciones de Abadía. Pero, al menos, estas sirven para reiterar cuán equivocadas están y para hacer ver al resto de los costarricenses la importancia de la apertura.
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