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El PAC: ¿antisistema?


Allan Trigueros V.
allantrigueros@gmail.com


La aspiración democrática no es una simple fase reciente de la historia humana. Es la historia misma. Esta frase podría haber resonado en el salón de un Congreso moderno, pero fue pronunciada hace más de dos milenios, en el Senado romano, por Cicerón. Claramente, el anhelo de vivir en una democracia sólida y con instituciones confiables es constante en la humanidad.

La democracia, desde luego, incorpora el derecho de todas las personas a disentir, a pensar distinto y a soñar otra realidad. Incluso, es el único sistema político que ofrece la posibilidad de cambiarse a sí mismo de manera pacífica. Aquellos precisamente que piensan que el sistema no funciona bien tienen la opción de entrar en él para corregirlo.

Rechazo general. Por eso precisamente es difícil de comprender una actitud de desconfianza instintiva o de rechazo general a las instituciones democráticas. Y dolorosamente, esa ha sido la actitud manifestada por la fracción legislativa del PAC, o, al menos, así se desprende de un estudio reciente realizado por el Instituto Interuniversitario de Iberoamérica y la Universidad de Salamanca, presentado ante la Asamblea Legislativa en días recientes. Esta investigación incluyó entrevistas con la totalidad de los diputados, de modo que no hay estadísticamente un margen de error.

Es comprensible que la principal bancada de oposición tenga poca confianza en el presidente de turno (aunque sorprende el índice del 17% en el PAC cuando en ningún otro partido baja del 60%). Lo que realmente sorprende es que, sin importar por cuál institución del Estado se pregunte (Parlamento, Poder Judicial, funcionarios públicos), la confianza del PAC en ella es casi siempre un 20% inferior a la de cualquier otro partido. Especialmente dramático es el caso del Tribunal Supremo de Elecciones, respecto al cual el PAC presenta un índice del 17% frente a un promedio del 85% presentado por el resto de las bancadas.

Partidos y elecciones. Paradójicamente, los diputados del PAC ni siquiera tienen mucha confianza relativa en los partidos políticos (un 59% frente a un promedio del 80% de otras fracciones), a pesar de ser representantes de uno de ellos y de que casi todos iniciaron su carrera política dentro de un partido.

No obstante haber pasado por una escuela ideológica como requisito para ser candidatos, el 89% de los diputados del PAC se resisten a la disciplina de partido (lo cual parece sugerir que no hay una coherencia entre las respuestas durante la campaña y las dadas una vez elegidos).

Tampoco demuestran credibilidad en los medios de comunicación (un 24% frente a un promedio total del 60%), aunque curiosamente sí tienen fe en los sindicatos (un 53% frente a una media del 4% del resto de fracciones).

El dato más alarmante, sin embargo, es el de la confianza en los procesos electorales, corazón de nuestro sistema democrático. En una escala de 1 a 5, todos los diputados valoran la limpieza de las elecciones con 4,5 en promedio, mientras los del PAC apenas le otorgan un 2,47. ¿Derrota mal digerida, o desconfianza fundada?

Actitud antisistema. Al presentar el estudio, el doctor Manuel Alcántara, vicerrector de la Universidad de Salamanca y especialista en temas políticos latinoamericanos, catalogó las opiniones de los legisladores del PAC como síntomas de una actitud antisistema, y la asimiló con la del PRD mexicano.

La pregunta que surge es, entonces, la siguiente: ¿cómo puede un partido respetar la institucionalidad, como lo dicen los estatutos del PAC, mientras sus propios legisladores reniegan de ella? Más aún, cabe preguntarse: ¿cómo puede un partido desconfiar tanto del sistema que le ha permitido nacer y crecer, y dudar de la pureza de los procesos electorales que más lo beneficiaron?

Valdría la pena que los rojiamarillos realicen un profundo examen de conciencia, porque una breve escuela ideológica no es suficiente para afianzar los valores democráticos.

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