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Arte y gestión de gobierno

El arte es quizás la forma más sublime de comunicación humana

Janina Del Vecchio U.


Las artes en general y la música en particular son, esencialmente, una expresión humana, de la visión particular que el artista tiene sobre determinada circunstancia. Describen, asombran, comunican pero, sobre todo, transmiten una emoción. Es el toque de guerra de la Marsellesa la que llama a los hijos de la patria; es la canción de cuna la que arrulla al niño; es la marcha fúnebre la que nos acompaña en esa triste despedida a la que todos nos enfrentamos algún día; son los fuegos de artificio los que nos hablan de la fiesta... Podríamos hacer miles de citas de piezas musicales, de distinto tipo que, si bien representan la visión y circunstancia de su autor, terminan siendo poema y bandera universal.

La Real Academia Española nos dice que el arte es una “manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros” y sobre la música, que es el “arte de combinar los sonidos de la voz humana o de los instrumentos, o de unos y otros a la vez, de suerte que produzcan deleite, conmoviendo la sensibilidad, ya sea alegre, ya tristemente”. En cualquier caso, el arte en todas sus manifestaciones es quizás la forma más sublime de comunicación humana. Y, por esa misma razón, no puede tener censura. Censurar las manifestaciones artísticas es como acallar las voces con las armas.

Paz y tolerancia. De ahí que el artículo publicado en esta sección por el presidente Óscar Arias en relación con el concierto de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Costa Rica en el acto conmemorativo del aniversario 80 del Ministerio de Salud debería ser de lectura obligada para todos los estudiantes, pues evidencia la sensibilidad de nuestro mandatario en materia cultural y de respeto, y su vocación pacificista y tolerante hacia las diversas expresiones escritas y artísticas, porque, según afirmó: “la flor de la paz brota de la semilla de la tolerancia”.

La música, trátese de un concierto de un maestro clásico, o un himno nacional, obedece siempre al sentir de un autor y a una circunstancia histórica. En nuestro caso, con el argumento que malintencionadamente se ha querido esgrimir en el sentido que se censuró la obertura 1812 de Tchaikovski, por “coherencia” don Óscar Arias debería abolir el Himno Nacional y prohibir que todo costarricense pacifista cante nuestro himno patriótico: “Si alguno pretenda tu nombre manchar, verás a tu pueblo valiente y viril, la tosca herramienta en arma trocar”... Así es como caemos en los absurdos y en las falacias argumentales que no conducen a nada en las democracias que requieren debates serios y profundos sobre la agenda nacional y el rumbo que queremos dar a nuestro desarrollo integral.

Resulta ciertamente una lástima que el control político no se realice en el país sobre la gestión de gobierno y sus resultados, y se limite a tratar de inventar hechos que no existieron y a intentar desgastar al Gobierno por infamias. El país nos exige a todos trabajo y compromiso, y no politiquería ni demagogia.

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