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Solidaridad intermunicipal Las inundaciones y otros problemas comunales proclaman la necesidad del trabajo en equipoLa visión integral, que supera el simple plan regulador y el día a día, debe sustituir la visión aldeana Las inundaciones en varias zonas y poblados del país han vuelto con su secuela de destrucción y hasta de muerte. Y, por razones climáticas, cada año retornarán con más fuerza. Sus embestidas este año apenas han comenzado. Esperamos que, por las congojas y los estragos sufridos, así como por una conciencia más sensible sobre la responsabilidad humana en este campo, nuestra reacción no se circunscriba a una preocupación pasajera que, con cada salida del sol, desaparezca. En estas primeras pruebas la Comisión de Emergencia ha actuado responsablemente, en la medida de sus recursos. Es mucho, sin embargo, lo que se debe hacer no solo por la furia de la naturaleza, sino por el atraso casi secular que el país soporta en esta materia, concomitante con el sopor municipal, uno de los grandes pecados de gobiernos y partidos políticos por largas décadas. Así lo confirman numerosos estudios e investigaciones. Ahora, sin embargo, con el lento renacer municipal, es preciso recuperar el tiempo perdido, una tarea homérica por la exigüidad de recursos y, sobre todo, por la deformación mental acumulada. El esfuerzo iniciado debe, con todo, continuar. En ello va el propio desarrollo social y económico del país. Desde este punto de vista, debe darse un cambio de actitud. La visión localista de los problemas comunales, que por lógica propia debe alimentar el proceso, debe nutrirse y ampliarse con una visión integral intermunicipal. En nuestro exiguo territorio se impone, por mil razones, este nuevo estilo de gestión. Nos parece que esta es la enseñanza principal de las inundaciones en Belén. Este cantón, con uno de los más elevados niveles de desarrollo humano del país, una comunidad solidaria y un municipio dotado de abundantes recursos, no pudo evitar la fuerza de las aguas. El agua, uno de sus principales atractivos para el crecimiento urbano e industrial, se ha trocado en su enemigo: inundaciones, las aguas superficiales y la contaminación de cromo o de hidrocarburos. Esta última causa pudo haber causado una tragedia. De resultas de estas experiencias recientes se ha revelado que, desde el año 2004, este municipio recibió una invitación de parte de la Empresa de Servicios Públicos de Heredia (ESPH) para participar en un plan integral intermunicipal por razones de eficiencia y de convivencia, y por la propia ubicación topográfica y geográfica del cantón, expuesta a graves efectos superficiales y subterráneos por causas originadas en otros cantones vecinos. Esta es la situación también de otros cantones en el país. La autarquía municipal en punto a gestión es, en nuestro medio, un disparate y un peligro. Si la integración es un imperativo mundial, con más razón en un país pequeño y pobre. En este sentido la ESPH elaboró, con fundamento en su ley creadora, una “propuesta de proyecto para la canalización de aguas pluviales y obras complementarias”. Su objetivo fue precisamente crear las condiciones para definir una solución conjunta al problema de la escorrentía superficial en Heredia por cambios en el uso del suelo. Este oportuno y visionario esfuerzo ,al parecer, no fructificó. No se ha podido superar la visión aldeana, una posición sin sentido que pone en peligro los derechos e intereses de nuestras comunidades y del país, como los hechos se han encargado de verificar en el corazón de una comunidad próspera, pero amenazada. Es necesario recordar, con todo, que la mayor amenaza no proviene de la naturaleza, sino de nosotros mismos, por acción o por omisión. Que estas experiencias sirvan de algo.
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