 Presidentes Bush y Putin en Alemania
(AFP)
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MOSCU (AFP) -
Rusia recobró la confianza y exige una relación de igual a igual, mientras que Estados Unidos, absorto en la guerra de Irak, descuidó a ese país: las presidencias de George W. Bush y Vladimir Putin han registrado un claro deterioro de las relaciones Moscú-Washington, según los analistas.
En este tenso contexto --que ha llevado incluso a evocar el fantasma de la 'guerra fría'-- Putin y Bush se reunirán el domingo y el lunes en la residencia familiar del presidente estadounidense, en Kennebunkport, en el estado de Maine (costa noreste).
El primer encuentro entre Bush y Putin, en Lubiana, en junio de 2001, seis meses después de la entrada en funciones del primero y cuando el presidente ruso ya llevaba en su cargo más de un año, estuvo marcado por la cordialidad.
Bush incluso llegó a decir que había podido entrever "el alma" de Putin.
Los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos trajeron consigo una auténtica "luna de miel" ruso-estadounidense.
Putin fue el primero que se puso en contacto con Bush y multiplicó los gestos de solidaridad, como compartir informaciones de los servicios secretos o cooperar en la instalación de bases estadounidenses en las ex repúblicas soviéticas de Uzbekistán y Kirguistán, cerca de Afganistán.
Pero muy pronto, Estados Unidos "colocó todo en segundo plano, salvo Irak" y esto provocó en Moscú una "acumulación de decepciones" y "cólera", señala Rose Gottemoeller, directora del Centro Carnegie de Moscú.
Así, en vez de lograr una relación privilegiada con Washington, Moscú vio como en 2002, Estados Unidos se retiró de tratado ABM sobre armas antibalísticas para poner en marcha su proyecto de defensa antimisiles en Europa que, en la práctica hace avanzar a la OTAN hasta las fronteras de la ex URSS.
Además, en Ucrania, la llamada "Revolución Naranja" llevó al poder a un pro-occidental, desbancando así a los anteriores gobernantes pro-rusos.
La combinación de todos estos factores hizo que Rusia pasase de creerse olvidada y sentirse traicionada a considerarse "insultada", según los analistas.
En mayo de 2006, el vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, echó leña al fuego en Vilna al criticar la situación de los derechos humanos en Rusia y acusar a este país de usar "el gas y el petróleo como instrumentos de manipulación y chantaje".
"Moscú recibió esas palabras como una auténtica provocación y desde entonces considera necesario adoptar con Estados Unidos" la política del 'ojo por ojo', según Thomas Gomart, especialista en Rusia del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI).
La escalada llegó a su culmen con el discurso de Putin en Munich en febrero de 2007, en el que acusó a Estados Unidos de "sobrepasar sus fronteras nacionales en todos los terrenos".
Para Moscú, que ha encontrado una nueva fuerza en su riqueza en el sector de los hidrocarburos, "es muy importante reanudar una buena relación bilateral con Washington para realzar su estatus internacional" y "marginar a los europeos", añade Gomart.
Sin embargo, "la administración Bush parece reticente", agrega.
"Bush se enfrenta actualmente con un auténtico dilema en su política bilateral con Rusia", subraya Andrew Kuchins, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington (CSIS).
Para este experto, "Rusia representa la relación bilateral más importante a nivel mundial de Estados Unidos" que, además, necesita a Moscú en temas cruciales como Kosovo e Irán.
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