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Foto Principal: 1642209
Joel Granados, camino a su escuela en Isla Chica.
Carlos Hernández para LN

Barro ni lluvias frenan a Joel hacia el aula


Carlos Hernández P.

Isla Chica, Los Chiles. Joel Granados, de ocho años, ya actúa con gran sentido de puntualidad y responsabilidad.

Difícilmente un torrencial aguacero mañanero o el camino embarrialado lo persuaden a faltar a clases.

“El camino está malo. Algunas veces me embarrialo, pero yo vengo todos los días porque quiero aprender mucho”, dijo mientras comía las galletas que le regalaron alumnos de undécimo año del Colegio Marista, de la ciudad de Alajuela, quienes el lunes anterior visitaron el centro educativo, como parte del proyecto de trabajo comunal.

Entre su casa y la escuela hay casi dos kilómetros de distancia, que Joel tarda cerca de 35 minutos en recorrerlos, descalzo.

Cuidado con el barro. Se desplaza por el camino con gran cuidado para evitar que el lodo salpique su camisa blanca.

“Es que mamá me dice que cuide la camisa por que el barro rojo la mancha”, explica.

El consejo no es en vano: si algo abunda en Isla Chica, distante a tres kilómetros del río San Juan, es tierra rojiza cuya mancha es difícil de eliminar.

Joel confiesa tener ilusiones y una en particular lo desvela: “Que todos mis compañeros de escuela puedan tener zapatos para evitar sufrir las heridas en la planta de los pies causadas por las espinas, los vidrios y hasta pedazos de láminas de zinc”.

Además, Joel recuerda que en la zona norte hay serpientes venenosas, de las que también deben cuidarse.

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