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La vía costarricense de desarrollo Coopronaranjo R.L. ha logrado sus objetivos en armonía con lo social, cultural y ecológicoMiguel Sobrado ¿Existe algo así como una vía costarricense para el desarrollo? Pienso que sí, si tenemos disposición y sensibilidad para leer los matices que presenta nuestra realidad y no nos limitamos a bajar libros de anaqueles o a importar experiencias externas. En otros artículos he comentado algunas de las mejores prácticas empresariales e institucionales que he conocido. Ahora quiero añadir a Coopronaranjo R.L., una gran cooperativa de 3 mil productores de café, segundo productor de café de exportación, como un ejemplo por casi cuatro décadas. Una empresa que ha unido, con visión de sostenibilidad, lo económico a lo social y a lo ecológico, que ha sido abierta a los avances tecnológicos, y ha mantenido y mejorado continuamente su capacidad gerencial y competitiva, a pesar de haber pasado por coyunturas sumamente difíciles del mercado internacional. Ha logrado siempre estos objetivos en armonía con lo social, lo cultural y lo ecológico; en otras palabras, por ser una empresa de desarrollo, en el sentido más amplio de la palabra, fortaleciendo así la identidad local y nacional. Se trata de una experiencia que trae a colación el proceso japonés de desarrollo, que supo importar conocimiento y tecnología adaptándola a las condiciones sociales y culturales locales. Abajo los mitos. El libro de Johnny Mora La vía cooperativa de desarrollo del agro , editado recientemente por la Editorial de la Universidad Nacional, aporta una rica información sobre esa experiencia que se trae abajo varios mitos y nos obliga a reconsiderar algunos conceptos sobre el costarricense. Nos enseña que el campesino meseteño, con visión de globalidad, heredero de las mejores tradiciones de colaboración y cooperación de la fase de colonización de la tierra, pervive todavía en amplias regiones del país y tiene un interés personal bien entendido. En otras palabras, sabe que su futuro e interés como empresario dependen de la unión de los esfuerzos individuales en el procesado del producto y su comercialización, y del bienestar social y ecológico de la comunidad donde vive y actúa en consecuencia con ese interés personal bien entendido. Mora, en su libro, nos relata cómo ante las crisis externas los cooperativistas sostuvieron la empresa con aportes patrimoniales extras restringiendo su propio consumo, y nos amplía sobre el clima organizacional existente, al relatarnos que, durante estas cuatro décadas, los miembros del Consejo de Administración no han solicitado pago por dietas entregando lo mejor de su talento para sacar a la empresa adelante. Negociaron con las autoridades e instituciones nacionales y supieron aprovechar las ventajas de la banca nacional, manteniendo todo el tiempo su autonomía sin someterse a servidumbres políticas. Desarrollo integral. Pienso que la de Coopronaranjo R.L. es una experiencia de desarrollo integral, no única, por cierto, dentro del movimiento cooperativo ni entre los empresarios privados con responsabilidad social, cuyo conocimiento y estudio es refrescante en este momento de crisis institucional porque nos permite reorientar la atención a las experiencias internas, que, además de innovadoras, fortalecen la confianza en las capacidades e identidad nacional, tan venida a menos.
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