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El asunto esencial sobre el TLC

De los cuatro “mercados continentales”, el que más nos sirve es Estados Unidos

Fernando Zamora C.
Especialista en derecho constitucional

Parece haber razones irresistibles para nuestro país, las cuales paso a resumir, que nos están conminando a aprobar el tratado comercial con los Estados Unidos.

Ya sabemos que, pese a que Costa Rica es un país pequeño, tiene una de las economías más sanas y de buen ingreso por habitante en relación con el resto de Latinoamérica. Esto implica el desafío de sostener la economía en el tiempo a través de la necesidad de ser muy competitivos en nuestro intercambio comercial.

Mercado europeo. Para lograr esto, si bien es cierto que el mundo nos ofrece la opción de intercambiar con cuatro potenciales “mercados continentales”, que son Asia, Europa, Latinoamérica y Estados Unidos, la realidad es que en tres de ellos existen graves inconveniencias, lo cual los hace, en la práctica, inviables.

Europa tiene un esquema de importaciones por cuotas, restrictivo de muchos de los productos costarricenses con vocación exportable a dicho continente; un eventual acuerdo comercial de Europa con Costa Rica solo parece posible en el tanto en que aceptemos el proceso de unificación política que los europeos pretenden para negociar pues la tendencia de la política europea es la de la negociación con bloques económicos.

Mercado asiático. Respecto de Asia, que es otro de los mercados continentales existentes, debo decir que el panorama es más sombrío. Desde la posguerra, la política de los mercados asiáticos es restrictiva para las importaciones.

Solo para dar un ejemplo: el procedimiento para importar un producto agrícola en Japón requiere literalmente cientos de trámites restrictivos. Lo sé por experiencia propia pues tuve la oportunidad de asesorar legalmente a una empresa costarricense que logró exportar por un tiempo producto agrícola con valor agregado y de buena calidad a Japón, y viví el calvario que representó no solo lograr su ingreso, sino también sostenerlo.

China no solo es prácticamente autosuficiente en la mayoría de productos que requieren algún tipo de valor agregado, sino que, además, tiene una política de exportaciones agresivísima, por lo que únicamente le interesa importar materias primas.

Esto nos condena a exportarles exclusivamente materia prima sin valor agregado, lo cual no resulta amigable ni para nuestra vocación ecológica ni para nuestras aspiraciones comerciales pues los países que sobreviven exclusivamente de la exportación de materia prima, como muchas de las naciones del África subsahariana, no alcanzan niveles mínimos de desarrollo.

Mercado latinoamericano. Una penúltima posibilidad es Latinoamérica. El gran problema del mercado latinoamericano es el hecho de que, para los intereses de nuestros exportadores, actualmente Latinoamérica no puede resultar un mercado significativo, ya que nuestros países hermanos –prácticamente en la mayoría de los servicios y productos en los que somos competitivos– no solo no son nuestros compradores principales, sino más bien nuestra agresiva competencia, que busca cómo atraer los mismos mercados y, en el caso de las inversiones, las mismas empresas que son nuestro objetivo comercial.

Mercado de EE. UU. Así las cosas, mientras no cambien las condiciones antes expuestas en relación con esos mercados para los intereses costarricenses, la realidad es que estamos obligados a mantenernos competitivos en nuestro intercambio comercial con los Estados Unidos, en momentos en que Panamá y nuestros demás hermanos centroamericanos han decidido acogerse a las ventajas y desventajas potenciales que ofrece el libre comercio con ese país. Sin embargo, pese a todo lo implacable que parece esta realidad frente a nuestros rostros, debe restar, eso sí, que nuestra Sala Constitucional determine mediante la consulta en trámite si este TLC atenta, o no, contra los ideales nacionales contenidos en nuestra Constitución Política pues no cabe duda de que el criterio grave, el asunto esencial, es que los grandes ideales de nuestra nacionalidad, contenidos en la ley fundamental, están por debajo de nuestros intereses comerciales.

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