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Ni exigencia ni imposición


Álvaro Sánchez C.
Director del Movimiento Solidarista Costarricense

Con asombro y orgullo leo el reportaje de Vanessa Loaiza, periodista deLa Nación , publicado el pasado 21 de junio. Al cuantificar la proporción de adeptos al sindicalismo, me resulta fácil explicar al país la pequeña proporción de personas que se mal atribuyen representar a los trabajadores. Ese número de un dígito es el que bloquea calles, corta servicios públicos, participa en jugosas convenciones y exige derechos, pero, en definitiva, no afronta sus deberes.

El pasar de los años ha hecho reflexionar a los trabajadores y de allí la caída de sus filas, y no solo en proporción, sino en ideología, pues sus seguidores continúan, a través del tiempo, siendo exactamente los mismos rostros.

La herencia del sindicalismo hace inequívoca esta información. La destrucción de riqueza, el impedimento al desarrollo, la negligencia de sus líderes y el disfrute de beneficios desmedidos los han hecho famosos, y no a bien. Estoy seguro de que menos trabajadores quisieran estar vinculados al sindicalismo, pero, temerosos por las represalias, prefieren aún nutrir sus cuentas.

El solidarismo, en cambio, no obliga. Somos una agrupación voluntaria donde no se exige ni se impone, se invita. De allí que nuestras familias y allegados han sido beneficiados por esta filosofía, pues la solidaridad más que un valor es una virtud, y dichosamente contagia a su paso; por ende, se multiplica.

Firme y con buen paso. Nuestros socios crecen, pero, lejos de hablar sobre un valor numérico, debo antes decir que los solidaristas, por convicción, nos enorgullecemos de ser el gremio que trabaja, pues así lo requiere el país; es necesario contar con más y mejores profesionales que se dediquen a su causa.

La popularidad y continuo crecimiento del solidarismo nos llena de vigor. Trabajamos de sol a sol y somos ciudadanos ejemplares; somos, además, fieles representantes de los trabajadores y, lejos de avergonzarlos, buscamos un próspero desarrollo económico y social para el país.

En hora buena, no nos comparan con el sindicalismo.

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