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La ética en las carreteras Luis G. Jiménez Arias luisgjime@yahoo.com Bioeticista De acuerdo con la asociación médica mundial, los accidentes de tránsito son un problema de salud pública, comparable en magnitud al cáncer y a los problemas cardiovasculares. Mundialmente se registran 1,2 millones de muertes cada año y se estima en 35 millones los lesionados. Para el 2020, de continuar esta tendencia, se estima que las colisiones viales sean la tercera causa de atención hospitalaria. Entre los jóvenes, actualmente es la segunda causa de muerte. Existe también una correlación entre la fatalidad del accidente, número de accidentes y la velocidad. Aunque hay otros factores asociados tales como la ingestión de fármacos y alcohol, el estado de las vías, la señalización y la seguridad propia de los vehículos. De tal forma que los accidentes tienen uno o más responsables, a saber: los conductores, el estado, que debe vigilar por el buen estado de las vías, y los fabricantes de los vehículos. En la historia automotriz, vemos cómo desde sus inicios ha habido una evolución en el diseño de los automóviles. En general los automóviles tienden a ser más seguros y se tratan de construir vías más seguras. Por otro lado, han aumentado considerablemente en número las unidades en las vías y la velocidad promedio es mayor mientras la educación vial sigue siendo la misma. Todos los accidentes tienen en común que se pueden prevenir y es aquí donde empieza el debate ético. El movilizarse tiene dos efectos: uno bueno, el trasladarse, y otro malo, la probabilidad de un accidente. Posiblemente, la mejor forma de abordar esta problemática desde el punto de vista ético sean los principios de responsabilidad, cooperación y precaución. Pésimos maestros. En el desarrollo de los niños, les vamos imprimiendo en el historial de su vida la plena consciencia, los educamos para hacerles su convivencia más placentera. Sin embargo, muchos niños aprenden de su padres la mala convivencia en las carreteras, y asumen como normal los desagravios, falta de paciencia, irrespeto a las señales de tránsito y demás; es decir, no les educamos en el amor a la vida. La educación vial, basada en el principio de responsabilidad, es donde debemos hacer énfasis. En nuestras enseñanzas judeocristianas, vemos cómo, en el libro del Génesis, Dios pregunta a Caín dónde está su hermano (a quién Caín había matado), y este le responde: “Acaso soy yo el guardián de mi hermano”. Evidentemente Dios le está pidiendo cuentas por su hermano, y Caín es responsable de cuidar por su hermano. Esta enseñanza, traducida al lenguaje vial implica que somos responsables de cuidar a nuestros hermanos en las carreteras, donde pasamos gran parte del tiempo cotidiano. No solo tenemos la obligación de conducir con responsabilidad, cooperando con los demás usuarios de la vía, por nuestro bien propio y nuestros pasajeros, sino por el deber que tenemos de proteger los bienes y a las demás personas. Justamente en atención a este deber moral, el sumo pontífice Benedicto XVI ha hecho un llamado a la prudencia sobre las distracciones al conducir y el amor a la vida expresado en las carreteras. En este documento llamado “Pautas para el cuidado pastoral en las carreteras”, el Santo Padre nos recuerda el quinto mandamiento: “No matarás”. También menciona que las vías públicas son un “medio de comunión”, señala las virtudes de prudencia, responsabilidad y caridad, así como nuestro deber de proteger al indefenso y, finalmente, la “experiencia liberadora del perdón”. Dolorosas tinieblas. El apartarse de los principios éticos nos lleva hacia una cultura llena de violencia, donde las muertes causadas por la irresponsabilidad se tornan normales y se lucen en las tinieblas resultantes del dolor causado diariamente a las víctimas de los accidentes de tránsito. El principio de cooperación, para una mejor seguridad vial se debe aplicar a los estados, a los fabricantes y a los conductores así como a una pronta atención pre-hospitalaria, hospitalaria y rehabilitación oportuna. Dentro de 30 años, según algunos diseñadores de autos, no habrá mas problemas de colisiones, pues los automóviles se detendrán antes de colisionar, los autos serán miles de veces mas “inteligentes” que hoy y podrán ver y analizar las rutas, no necesitarán conductor (el factor numero uno responsable de los accidentes) y, entre otras muchas cualidades, serán más compactos. Pero, mientras estos nuevos diseños llegan a nuestras carreteras y puedan nuestros futuros compatriotas andar ebrios, sin ser responsables de los accidentes, son necesarios y urgentes los principios éticos cristalizados en una legislación justa y pronta.
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