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/ LA NACIÓN

TLC: opinión de un ciudadano

No suscribir el TLC sería retroceder y perder la ocasión de retomar el liderazgo de Costa Rica

Rodrigo Gámez Lobo
Director del INBio

Como ciudadano me he ocupado en mi trabajo de temas de la ciencia y de la naturaleza de este país. No cuento con conocimientos o formación en asuntos de comercio y, hasta el día de hoy, no he tenido ningún interés personal o participación activa en la aprobación del TLC. Mi interés en él es el de un costarricense a quien le preocupa el presente y el futuro del país. No soy ni empresario, ni funcionario público, ni represento los intereses de ninguno de estos grupos, promotores u opuestos a la aprobación de dicho tratado.

Al escribir esta introducción estoy parafraseando y poniendo en primera persona algo del preámbulo que escribimos los miembros de la así llamada Comisión de Notables, en el informe final sobre el TLC que presentamos al entonces presidente de la República, Dr. Abel Pacheco, el 16 de setiembre de 2005. Lo hago porque creo que esa posición personal se mantiene y además porque siento la obligación moral de compartir lo que he aprendido con otros compatriotas que, como yo, no tienen formación en materia de comercio exterior. Esto es importante ahora que somos todos los ciudadanos los que tenemos que decidir su aprobación o rechazo y por lo tanto tenemos que definir, con fundamento, nuestra posición para votar por un sí o un no al Tratado.

Varias cosas han contribuido a permitirme definir mi posición: el trabajo de análisis que realizamos como Comisión; lo que ha sucedido alrededor de su discusión en la Asamblea Legislativa y en el país como un todo; y lo que ha ocurrido en la región con la entrada en vigencia del mismo en todos los otros países centroamericanos y la República Dominicana, exceptuando a Costa Rica.

En realidad lo que hicimos objetivamente los miembros de la Comisión fue un análisis de los aspectos que percibimos como positivos o negativos del Tratado, y de las fortalezas y las debilidades que en nuestra opinión mostraba el país frente a dicho convenio. Fue como construir un plano, hacer una fotografía de un juego de ajedrez en ese momento, con la que el Presidente podía valorar el estado de las posiciones de “ataque” o “defensa” del país, y tomar la decisión de enviarlo a conocimiento de la Asamblea Legislativa, que era el tema crucial del momento.

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Voluntad y compromiso. En nuestras consideraciones finales del informe de setiembre de 2005 dijimos cosas como: “El Tratado tiene el potencial de ayudar y de no ayudar, de contribuir y de no contribuir al desarrollo integral del país. Todo depende de la capacidad, voluntad y compromiso de Costa Rica de implementar cambios profundos en sus estructuras (internas)... en modernizar su infraestructura, en agilizar el proceso de toma de decisión y visualizar el futuro a largo plazo”. También escribimos: “…el TLC no implica automáticamente una disminución de la pobreza o un incremento del empleo. Estos cambios van más allá del TLC y dependen más bien del fortalecimiento de la institucionalidad y del desarrollo de mecanismos solidarios...”.

El estudio que realizamos en el 2005 y sus conclusiones finales, además de todo lo que ha sucedido en estos dos últimos años, me ha convencido efectivamente que el TLC, con lo bueno y lo malo que tiene, es una oportunidad que tenemos para ayudar al desarrollo integral del país, al igual que los TLC que hemos suscrito y los que espero suscribamos en el futuro con otras naciones. Pero que, como en un juego de ajedrez, el que aprovechemos al máximo esa oportunidad depende enteramente de nosotros, de “la capacidad, voluntad y compromiso” que tengamos para realizar los cambios que hay que hacer en el país para modernizarnos como un todo. Esto, porque es bien conocido el hecho de que nos hemos rezagado en muchas áreas como la administración pública, la educación, la salud, la infraestructura, la ciencia y la tecnología o la atención de asuntos urgentes de carácter ambiental.

Por eso precisamente, además de una agenda complementaria sólida que acompañe a este TLC, deberemos desarrollar y poner en práctica, como ejercicio de largo plazo, una visión compartida del país que queremos. Esto es de la mayor importancia y lo han hecho muchos otros países pequeños, que inclusive eran más pobres que nosotros hace sólo unos pocos años, y que hoy en día están alcanzando niveles de desarrollo humano como los que muchos soñamos. Un grupo grande de costarricenses interesados en convertir la ciencia y la tecnología en motor de desarrollo del país hicimos una propuesta sólida y de largo plazo en este sentido y estamos trabajando para ponerla en práctica

Comercio y agenda social. También es de resaltar el hecho que la vinculación comercial que Costa Rica ha tenido con el mundo externo, por mucho tiempo sirvió no solo para fortalecer el desarrollo económico, sino también para apoyar la agenda social por medio de la redistribución de la riqueza. Nos descuidamos en actualizar esos mecanismos internos solidarios, lo que nos ha llevado a mantener desde hace varios años cerca del 20% de nuestra población viviendo en la pobreza. El solventar este problema y el de generar más empleo no son cosas, como dijimos anteriormente, que el TLC resolverá por si solo. Esto dependerá de nuestra voluntad de poner en práctica las medidas o mecanismos que sean necesarios para redistribuir la riqueza, y de la solidaridad que muestren los que más tienen. Y ciertamente para hacer los cambios necesitaremos más recursos económicos que este TLC podría generar.

El hecho que cerca de la mitad de nuestras exportaciones vayan a los Estados Unidos, el cual constituye el mercado más grande, cercano y diverso en oportunidades, no puede menos que plantearnos la interrogante de qué haremos con nuestras exportaciones si no suscribimos el TLC, y las concesiones actuales que nos da en forma transitoria la Iniciativa de la Cuenca del Caribe sean canceladas. Esto también se liga a la situación de una Centroamérica que ya suscribió el tratado, y que en un mundo competitivo le favorecería mucho que Costa Rica no aprobara el TLC. La invitación que está haciendo Nicaragua a algunas industrias nuestras de trasladarse a este país que ofrece, entre otras cosas, mano de obra barata y la apertura del mercado de los Estados Unidos, es una clara muestra que esta nueva situación en la región no la podemos ignorar.

La polarización estéril del debate en torno al TLC que señalara el informe de la Comisión de Notables, lamentablemente se mantuvo en alto grado en estos dos últimos años. Ha sido un debate en gran medida desgastador y muy costoso para el país. Se han dicho muchas falsedades, se ha satanizado y se ha santificado, ignorando hechos como que existe una Convención de Viena que establece normas para la interpretación y acatamiento “de buena fe”, de todos los tratados; que las interpretaciones antojadizas a favor o en contra no se valen; que en todo tratado internacional es inherente la cesión de algo de soberanía, cosa que hemos hecho como país en numerosos casos (qué mejor ejemplo que la Unión Europea); que le corresponde a la Sala Constitucional resolver el tema de la constitucionalidad; que el TLC no es un compromiso perpetuo y cualquier país que lo haya suscrito puede denunciarlo, puede salirse, y que solo por acuerdo de los miembros puede modificarse.

Hemos sido pioneros. Nuestro país ha sido pionero a nivel regional y mundial en muchas áreas, como en materia de paz, de universalización de salud y educación, de esfuerzo por conservar su naturaleza. Creo que podemos serlo en un nuevo modelo de desarrollo humano sostenible que, reconociendo los límites que nos impone la naturaleza, pueda promover su desarrollo social y económico de manera armoniosa. Y en realidad ya no tenemos más opciones que esta, por la magnitud del problema ambiental que hemos creado en el planeta.

Creo que Costa Rica es capaz de hacer lo que hay que hacer, para aprovechar la oportunidad que este TLC nos ofrece, pues entre otras cosas es un acicate que nos obliga a poner la casa en orden, a disciplinarnos, a innovar en muchas formas.Es muy claro que el Tratado no es perfecto, que podría ser mejor en varios aspectos. Pero no podemos pretender modificarlo si no lo suscribimos; solo estando adentro lo podemos cambiar. Me parece más sensato suscribirlo, tratar de modificarlo de acuerdo con los otros socios en lo que sea pertinente, y si nos fuera mal todavía tenemos la opción de salirnos. De lo contrario, deberemos enfrentar una situación aún más compleja si nos quedamos fuera del Tratado, hecho que sólo algunas pocas personas han hecho resaltar, por los grandes costos y dificultades que tendremos que afrontar tratando de exportar a Estados Unidos y Centroamérica, ya con condiciones arancelarias muy diferentes a las que tenemos en la actualidad y pérdida de atractivos a la inversión externa en las cosas que nos interesa.

El no suscribir el Tratado sería desde este punto de vista un retroceso; sería perder una oportunidad de retomar con bríos la posición de avanzada, de liderazgo que como país hemos tenido en asuntos de carácter social, económico y ambiental. Enviaríamos al mundo una señal contradictoria, de que nos estamos desviando de esa tradición de buscar ser un país de avanzada.

Así que, con conciencia de las implicaciones, de los riesgos que debemos correr, de las dificultades sobre todo internas que debemos enfrentar, prefiero la opción de suscribir este Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, Centroamérica y República Dominicana.

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