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El momento de Hamás El enfrentamiento global hoy es entre el radicalismo islámico y el resto del mundoBarry Rubin Director del Centro de Investigaciones Globales sobre Asuntos Internacionales (GLORIA) y editor de la revista ‘Middle East Review of International Affairs’ (MERIA). Su libro más reciente es ’The Truth About Syria’ La captura de la Franja de Gaza por Hamás ha creado, junto con Irán, un segundo Estado islámico radical en Medio Oriente. La región, tal vez el conflicto árabe-israelí y ciertamente el movimiento palestino, nunca serán los mismos. La derrota de Fatá en Gaza no se debe a la política exterior estadounidense, a Israel o a nadie más que Fatá mismo. Es el legado final de Yaser Arafat porque él alentó no sólo la violencia terrorista contra Israel, sino también la anarquía y la corrupción al interior de su propia organización. Lo que es más importante, Arafat no pudo resolver el conflicto o darle a su pueblo una visión alternativa a la del radicalismo extremo y la lucha sin fin. Al rechazar un arreglo para la paz en 2000 que habría creado un Estado palestino independiente con capital en Jerusalén oriental y 23 mil millones de dólares de ayuda internacional, Arafat dejó claro que no habría una alternativa, un escenario moderado para resolver los problemas de los palestinos. Antes de las elecciones de enero de 2006 ya era evidente que Hamás estaba en camino de la victoria. Bajo un liderazgo débil, Fatá no hizo nada para abordar las profundas divisiones y la corrupción. Los candidatos de Fatá, que compitieron entre ellos mismos, dividieron el voto y aseguraron que ganaran los de Hamás. Incluso después de la derrota, Fatá no implementó ni una sola reforma o cambio en sus cuadros dirigentes. Sus líderes se peleaban entre sí y deseaban ilusoriamente que algún factor externo les entregara lo que querían. Mientras tanto, como los partidos comunistas y fascistas del pasado, Hamás avanzaba con una doctrina clara, disciplina relativa y total determinación. La ideología y la práctica de Fatá sentaron las bases para el avance de Hamás. Ante la satanización de Israel, el rechazo a cualquier arreglo, la exigencia de victoria total y el planteamiento de la moderación como traición que hacía Fatá, Hamás sencillamente tenía que demostrar que era mejor para seguir ese camino. La meta genocida. Nadie debe subestimar el extremismo de Hamás. En efecto, la única diferencia entre Hamás y al-Qaeda –aunque esos grupos no suelen trabajar juntos– es que el último prefiere los ataques contra objetivos occidentales, mientras que el primero se ha concentrado hasta ahora en Israel. En consecuencia, Hamás no moderará su postura y su victoria retrasa en varias décadas las esperanzas de la paz palestino-israelí. Alentado por su triunfo y con el apoyo de Siria (donde está su cuartel general) e Irán, Hamás buscará la meta genocida que ha anunciado abiertamente: la extinción de Israel y su pueblo. Es un grave error pensar que existe cualquier posibilidad de concesiones o acuerdos. Hay cuatro temas específicos que ahora dominarán el escenario: el destino de los palestinos en la franja de Gaza, el futuro de Cisjordania gobernada por Fatá, la actitud del mundo hacia Israel y el impacto estratégico de la victoria de Hamás sobre el Medio Oriente. Hasta ahora, si bien los habitantes de Gaza han sufrido por la lucha constante y los fracasos económicos provocados por sus líderes, se ha respetado su vida privada. Hamás aplicará un programa de “islamización” más acelerado o más pausado. Sin embargo, está decidido a transformar las vidas de aquéllos a quienes gobierna. Asesinará a su antojo, abolirá los derechos de la mujer e indoctrinará a los niños en edad escolar con odio y deseos de llevar a cabo atentados suicidas. Gaza ha sufrido por la anarquía; ahora sufrirá bajo una dictadura despiadada. Por ejemplo, cuando las fuerzas de Hamás tomaron el campo de refugiados de Shati, ejecutaron deliberadamente a tres mujeres –dos adolescentes y una de 75 años– porque eran parientes de funcionarios de Fatá. Quienes de verdad estén preocupados por el bienestar de los palestinos deberían dirigir sus críticas a los líderes de ese pueblo y buscar que se protejan los derechos humanos en la franja de Gaza. Desafío para Israel. La autoridad de Fatá sigue siendo fuerte en Cisjordania, pero es probable que ni siquiera la catástrofe de Gaza haga que cambie su conducta. La disposición de Israel a trabajar con el régimen del Fatá de Mahmoud Abbas y la reanudación de la ayuda a gran escala de los Estados Unidos tienen por objeto consolidar un gobierno palestino relativamente moderado en Cisjordania. Pero Abbas, quien nombró a Salam Fayyad, un economista veterano respetado en occidente, como nuevo primer ministro, tal vez debió elegir a alguien capaz de mostrar dureza, organizar sus fuerzas y luchar. Lógicamente ahora Fatá debería adoptar la moderación, atacar el terrorismo transfronterizo y buscar algún tipo de paz con Israel. Pero Fatá tiene su propia opinión de lo que es lógico –una que podría no coincidir con estas sugerencias–. A pesar de que los dos casos son profundamente distintos, Fatá se parece a la monarquía francesa antes de la revolución, incapaz de aprender de sus experiencias o de tomar las medidas necesarias para evitar su propia caída. El mundo no puede salvar a Fatá; sólo Fatá puede hacerlo. Por supuesto, para Israel los acontecimientos de Gaza significan un gran desafío. Israel decidió desde hace mucho tiempo que no le interesa recuperar el control de la franja de Gaza. De cierta forma, el golpe de Hamás aclaró más las cosas. Gaza está gobernada por un régimen completamente hostil. Israel se sentirá en libertad de responder a los ataques transfronterizos y los continuos ataques con cohetes contra objetivos civiles al interior del país. El mundo debe reconocer por fin que las esperanzas que generó el proceso de paz de los 1990 se han perdido por completo. En efecto, Hamás ha hecho que el conflicto retroceda a los 1960 y 1970, cuando el avance hacia la paz tuvo que esperar a que la OLP estuviera dispuesta a dejar de recurrir al terrorismo y a aceptar la existencia de Israel. La supervivencia de Israel y su derecho a la autodefensa ahora deben ser apoyados a nivel internacional, y la difamación y satanización deben cesar. Las implicaciones estratégicas para la región son igualmente sombrías. La toma de Gaza por Hamás es una victoria para el bloque constituido por Irán, Siria y Hezbolá, así como para las distintas ramas de la Hermandad Musulmana (una de las cuales es Hamás) que buscan obtener el poder en sus propios países. Estas fuerzas entienden perfectamente que el enfrentamiento global más importante en la actualidad es entre el radicalismo islámico y el resto del mundo. La pregunta es precisamente cuándo lo entenderá el resto del mundo. Copyright: Project Syndicate, 2007 www.project-syndicate.orgTraducción de Kena Nequiz
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