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/ LA NACIÓN

Ojo Crítico


Rodolfo Cerdas


El gobierno de Arias comete un error político innecesario al abrir la posibilidad de renegociar sobre el San Juan, no obstante la demanda ante La Haya.

La ciudadanía debe oponerse a esta ruta equivocada. Además del dinero invertido, está el carácter ilegítimo, permanente y cada vez más grave de los actos del Gobierno nica en el San Juan y, sobre todo, el hecho decisivo, fruto del cálculo y mala fe de este Gobierno, de su rechazo a la jurisdicción de la Corte, que hace que, si no se mantiene esta demanda, nunca más podrá intentarse de nuevo.

Nuestra demanda clarificó nuestro derecho de libre navegación y de seguridad en el río y la obligación nicaragüense de respetarlos y nos faculta para pedirle a la Corte que ordene y controle el cese de cualquier acto que perturbe tales derechos.

Las arbitrariedades de Alemán y Bolaños han sido acuerpadas en todo momento por sandinistas y sus adláteres, en una competencia pseudonacionalista. Por ello, ninguno de ellos estará dispuesto a pagar el precio político de intentar un arreglo eficaz y duradero sobre el San Juan que reconozca los derechos costarricenses.

El gobierno de Ortega es de minoría y, según las encuestas, va de capa caída en la opinión pública. Cualquier intento de acuerdo con Costa Rica será dinamitado por sus rivales. Unos y otros han demostrado cómo piensan y actúan. En Nicaragua no hay ningún espacio político para un arreglo extrajudicial. Solo queda el fallo de la Corte.

Ortega, el nuevo rico populista, envalentonado por Chávez, cree que puede engañar a Arias con promesas y recaditos, o doblegarlo con chabacanerías. De ahí su desaire en la toma de posesión, su rechazo a conmemorar Esquipulas II en San José y su objeción a que le otorgaran a don Óscar el Nobel de la Paz. Y más recientemente, sus carantoñas de paz. Mientras, Arias luce aislado en el istmo. Como nuevo Morazán, pretendió reunir en Nueva York a los otros presidentes para regañarlos por aumentar el gasto de sus países en armamentos; y criticó a Ortega por su visita al presidente iraní, indicándole de pasada cómo debe gobernar Nicaragua y quiénes deben ser sus amigos. Modesto el caballero.

Don Óscar tiene derecho a autoengañarse y creerle a Ortega hasta su catolicismo de ocasión: Dios salve a América (Zoila). Pero con los derechos de Costa Rica no hay que jugar, porque son patrimonio de toda la nación. Y, como dice nuestra gente, está bien ser mansos, pero no mensos.

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