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Al Grano Édgar Espinoza edgarespinoza@nacion.com Permítame ufanarme de pertenecer a la generación de “Ticos VIP”, la de los que nos criamos en la Costa Rica idílica y “tuitica pa’ nos”. Si ser hoyVery Important Person es recibir una atención especial de salón donde uno es uno, con espacio y confort para descansar, estirar la canilla, tomarse un trago conCamembert , ver televisión, escuchar música de ensueño, disponer de teléfono ylaptop , periódicos ytoilet perfumados de lavanda, serlo antes en el país era también un privilegio. Uno llegaba a cualquier ventanilla pública y, no obstante ser pública, lo atendían como gente. ¡Espíritu de servicio, se llamaba! Una cita en el hospital era cosa, sin más trámite, de ya mismo. ¡Seguridad social, le decían! Yo fui VIP (Vida Infantil Perfecta) desde niño: era el amo de las calles, sobre todo de la avenida 10, toda mía, donde con pelota dominada, y de trapo, paralizaba el tránsito (un carro allá una vez perdida). ¡Vía de peatones; no de patanes! Había barrenderos de escobón y carretillo que nos tendían la alfombra roja de la limpieza para que los VIP pasásemos. Por las noches, y a falta de ladrones, los “serenos” eras más trovadores de la luna que vigilantes. En los negocios el empleado se peleaba por atendernos, y lo que comprábamos servía. Y como éramos un club exclusivo, una élite de 850.000 habitantes en 51.000 metros cuadrados, nos saludábamos de “hola qué tal”. Era la Costa Rica de una sola escuela, la pública, en cuyas aulas se revolvían los hijos de los señorones con los hijos de los peones, sin diferencias de nada; el mismo fresco, el mismo bollo de pan, la misma esperanza. Era la Costa Rica donde, en un mismo barrio, coexistían las casas humildes con las no tan humildes, sin rencores, sin horrores. De repente algo pasó y nos salimos de la historia. Hicimos pedazos la realidad. ¿Nos había llegado también a nosotros la hora del sinsentido? ¿El turno de los extremos? Las metas fueron ya poca cosa para una sociedad fuera-de-sí que prefirió la ambición. La entropía. El estado de turbulencia perpetuo. Y aquí estamos, desbordados, sin pasado, pero en plena Era Híper. Quisimos ir tan lejos con tan poco que colapsamos como país. Colegiales graduados en rencor. Casas amuralladas. Muertos con cita médica de la CCSS. Bodas a la Sala IV. Sobreoferta de sicarios. Sexo a la carta. Farándula legislativa. Futbolistas de quinta. Por eso, aquellos VIP de antes parecemos ahora otra clase de VIP”: Viejos, Intrusos y Paranoicos.
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